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La ciencia se acerca a la creación de la vida en un laboratorio.

En nuestro planeta hay unas 4.200 religiones, todas ellas diferentes e incompatibles entre sí, así que todo el mundo es ateo de alguna manera. Una persona que cree firmemente en una religión no se traga las otras 4.199.

El Corán asegura que Alá creó todos los seres vivos a partir de agua. El Dios de la Biblia dice: “¡Que produzca la tierra seres vivientes: animales domésticos, animales salvajes y reptiles, según su especie!”. Y, según un mito del hinduismo, el primer ser viviente, el dios Brahmá, brotó de una flor de loto.

Los científicos, mientras tanto, acaban de dar otro paso esencial para averiguar cómo se creó realmente la vida y para recrear este proceso en el laboratorio. “Sería la prueba definitiva de que la vida emerge de la química y de que no hace falta recurrir a ninguna fuerza sobrenatural”, resume el bioquímico Juli Peretó, de la Universidad de Valencia.

“Creo que estamos a unos cinco o diez años de crear una protocélula funcional”, sostiene el químico Matthew Powner, del University College de Londres. Su equipo está en la vanguardia del ejército de científicos que tratan de averiguar cómo —a partir de elementos químicos de la Tierra primitiva, como el hidrógeno, el carbono y el azufre— surgió por azar la vida: estructuras con capacidad de copiarse a sí mismas y de automantenerse. Su último avance se publica hoy en la revista Nature.