Hazte socio de radio solidaria

Daniel Valuja nos comparte una reflexión en una noticia de actualidad en Salero y Candil.

Los chimpancés, los orangutanes y los bonobos son enormemente inteligentes y muy parecidos a nosotros, pero por lo que sabemos no necesitan pensar en otra vida después de la muerte, ni contarse relatos sobre el significado de su existencia, ni inventar mitos sobre el origen de sus especies.

Solo los humanos tenemos esos impulsos. Podría parecer que eso es un gran éxito, la muestra definitiva de que somos animales completamente distintos a los demás. Pero, aunque esto fuera cierto, es también la expresión de que vivimos angustiados, incómodos, perplejos porque no sabemos para qué sirve nuestra existencia ni por qué hay que vivirla si, al final, siempre está la muerte. Por eso, probablemente, los humanos necesitamos contarnos historias.

Y una de las que más veces nos hemos contado es la de Adán y Eva. Como explica 'Ascenso y caída de Adán y Eva' (Crítica), el nuevo libro del maravilloso escritor Stephen Greenblatt, la narración de Adán y Eva apenas ocupa una página y media de la Biblia. Sin embargo, a partir de ella se han intentado explicar casi todos los aspectos de la vida: de las dificultades matrimoniales a la supuesta maldad femenina, de la naturaleza del trabajo y el sufrimiento al peligro de la soberbia, de las tentaciones constantes a los riesgos del saber.

Fuente: El Confidencial