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Daniel Valuja nos comparte una reflexión en una noticia de actualidad.

“Una voltereta fenomenal”. No es un análisis muy jurídico el de la diputada socialista Isabel Moreira, pero ilustra el cambio del Tribunal Constitucional portugués sobre el anonimato o no de los donantes de óvulos y esperma.

Si en 2009 el alto tribunal aceptó el anonimato, ahora exige su identificación, dando al traste no solo con la ley de vientres de alquiler, aprobada hace un año, sino también con la ley de reproducción asistida de hace doce. El óvulo anónimo tiene los días contados en Portugal. Católicos y comunistas lo celebran; el resto no.

El desencadenante de este regresión judicial tiene su origen en la reciente ley de gestación de sustitución. El derechista CDS y el Partido Comunista votaron en contra, al igual que la mayoría del PSD; PS y Bloco, a favor. Tras un veto presidencial y una segunda votación, entró en vigor hace un año. El CDS recurrió al Constitucional.

Aunque salva la ley, el Alto Tribunal tumba seis artículos fundamentales, todos ellos referidos al anonimato de los donantes y a la “violación del derecho a la identidad de la persona”.

El fallo del Constitucional afecta a una ley con solo dos parejas beneficiarias en un año, pero que es un terremoto con efectos retardados a 2006, cuando fue aprobada la primera ley de reproducción asistida y la donación de óvulos, esperma y embriones. Si hoy exige la identificación del donante, en su sentencia de 2009 -pues el texto también fue recurrido- decía todo lo contrario: “Los derechos fundamentales asociados al derecho a la intimidad de la vida privada y familiar justifican, desde el punto de vista jurídico constitucional, el régimen del anonimato del donante”.

Fuente: El País