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Daniel Valuja nos comparte una reflexión en una noticia de actualidad.

La vergüenza y el silencio. Eso fue lo más duro para Louise White, dramaturga nacida en la región irlandesa de Laois, madre de dos hijos, que viajó a Inglaterra a los 24 años para abortar. “Es muy difícil para alguien extranjero comprender el legado de trauma que existe en este país, comprender cómo hay tanta vergüenza en la idea de la sexualidad y del cuerpo de las mujeres”, asegura. “Es nuestra sociedad, es cómo somos socializados. Yo nunca tuve educación sexual, ni en casa ni en clase.

En el colegio no nos permitían cruzar las piernas. ¡En los noventa! Había tanto miedo a que fuéramos promiscuas que siempre nos enseñaban a no tener necesidades como mujer, a satisfacer a la Iglesia, al hombre y a la familia. Yo no quería quedarme embarazada, pero me quedé. Estaba completamente avergonzada. Tenía que terminar ese embarazo y no podía decírselo a nadie”.

Era el año 2004. White encontró información, escasa, como pudo. Tiró de tarjeta de crédito y de pequeños préstamos de amigas. Cogió un vuelo barato a Birmingham y una cita en una clínica abortiva. Se fue sola. “Tres noches en un hostal cutre, sentada y deseando a volver a casa”, recuerda.

Después vinieron 13 años de silencio. No se lo dijo ni a sus padres ni a sus hermanos. Hasta que decidió hablar. El detonante fue cuando, el año pasado, se encontraron cientos de cadáveres de bebés enterrados en el jardín trasero de un antiguo centro de acogida para madres solteras en la localidad irlandesa de Tuam. Uno más en la retahíla de escándalos que han sacudido a la Iglesia Católica en Irlanda. “Me dije: ¡qué coño estoy haciendo! ¿Por qué no hablo de algo en lo que realmente creo? Así que se lo dije a mi madre. No fue la conversación más fácil del mundo. Es mayor, conservadora, rural, católica. Pero no me lo recriminó. Solo me dijo que lamentaba mucho que hubiera hecho aquello sola”.

Cerca de diez mujeres cada día proporcionan direcciones irlandesas en clínicas abortivas británicas. Muchas otras, cerca de 2.000 al año, piden píldoras abortivas por Internet, arriesgándose a penas de prisión si son descubiertas. Más de 180.000 mujeres irlandesas, según datos del Gobierno, han abortado en Reino Unido desde que en 1983, tras un referéndum, se introdujo una enmienda a la Constitución que da a los fetos el mismo derecho a la vida que a las madres.

Este viernes todo eso puede cambiar. Los irlandeses votan de nuevo en referéndum. La pregunta en la papeleta es: "¿Aprueba usted la propuesta de enmendar la Constitución?". Se trata de una enmienda que modifica la introducida en 1983 y permitiría el aborto sin restricciones en las 12 primeras semanas de embarazo y, hasta los seis meses, por prescripción médica en determinados casos extremos.

Fuente: El País