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Daniel Valuja nos comparte una reflexión en una noticia de actualidad.

Aunque los Estados miembros tienen libertad para autorizar o no el matrimonio homosexual en sus legislaciones, no pueden obstaculizar la libertad de residencia de un ciudadano de la Unión denegando a su cónyuge del mismo sexo la concesión un derecho de residencia, sea ciudadanos comunitario o no. Ya no es un debate social o político, sino un hecho, tras la sentencia de hoy del Tribunal de Justicia de la UE en uno de los casos más importantes de los últimos tiempo en la batalla para la igualdad de derechos.

La historia de amor de película de Adrian Coman (Târgoviste, Rumanía), y Clai Hamilton, (San Antonio, Estados Unidos), primera cita en Central Park incluida, se convirtió en la lucha por el reconocimiento del matrimonio homosexual en Europa en 2013, tras denegarle las autoridades rumanas a Clai el permiso de residencia que le corresponde como cónyuge de un ciudadano europeo. Rumanía, uno de los seis países que no contempla forma alguna de unión entre personas del mismo sexo, se negó a reconocer el certificado de la pareja que se había casado en Bélgica.

Pero hoy, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha sentenciado que dicha decisión viola el derecho a la libertad de movimiento y la reunificación familiar de Adrian y abre la puerta al reconocimiento del matrimonio homosexual en todo el territorio europeo. Según la directiva que regula la libertad de movimiento en la UE, el cónyuge de un ciudadano europeo que proceda de un tercer Estado tiene derecho a un permiso de residencia en la Unión.

La clave del caso reside en la definición del concepto cónyuge en el derecho europeo. Las autoridades rumanas habían informado a la pareja de que al norteamericano "únicamente le correspondía un derecho de residencia de tres meses, debido, concretamente, a que en Rumanía no podía ser considerado 'cónyuge' de un ciudadano de la Unión, ya que dicho Estado miembro no reconoce los matrimonios entre personas del mismo sexo".

Fuente: El Mundo