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El afán es un deseo intenso porque suceda o por conseguir algo. El mundo corre muy deprisa y las nuevas tecnologías nos van llevando de la mano para hacer más eficaces nuestras comunicaciones y trabajos, pero también debemos de tener mucho cuidado que no cambien nuestra actitud ante la vida, nuestra forma de ver las cosas, nuestra forma de resolver los problemas y sobre todo nuestra fe en los tiempos de espera, porque los tiempos de DIos no son tiempos tecnológicos, son tiempos perfectos.

Quizás alguna vez has escuchado la frase "Paren el mundo que me quiero bajar" (Quino) Son de esas frases que tal vez las hemos oído muchas veces, pero que encierran un significado y más en la época actual en la que vivimos.

Recientemente ha comenzado a funcionar la ya "famosa" Tecnología 5G, refiriéndose a la quinta generación de tecnologías de Red Inalámbrica, que implicará una tecnología 10 veces más veloz a la que en la actualidad tenemos, además de facilitar el uso de vehículos inteligentes, ordenadores y todo tipo de dispositivos enlazados entre sí, redes de comunicación más rápidas y efectivas que acelerarán el curso de las cosas.

En medio de toda esta aceleración de vida, debemos estar atentos y ser cuidadosos para no entrar en esa velocidad, que aunque es efectiva, quizás, también va convirtiéndonos en personas con actitudes menos pacientes, menos tranquilas, más aceleradas y desesperadas, alterando nuestra forma de vida, carácter y forma de ver y hacer las cosas.

Las nuevas tecnologías nos ayudan pero también pueden mover nuestros corazones a afanarnos cuando las cosas no se solucionan con un simple "click" o con pulsar un botón. A veces el mundo va tan rápido que debemos bajarnos, buscar la paz de Dios y no entrar en ese afán de rapidez, aceleración y ansiedad con el que el mundo corre cada día, ya que Dios no obra a la velocidad que nosotros queremos o esperamos, Dios obra en Su tiempo perfecto, Dios quiere probar en nosotros muchas cosas antes de tener lo que tanto deseamos.

El Señor está interesado en ver cómo es nuestra reacción durante la espera, cómo son nuestras actitudes mientras esperamos, más que cuando recibimos nuestra petición contestada.

En libro de Filipenses 4:6-7 dice "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús."

El afán es un deseo intenso porque suceda o por conseguir algo, este verso habla que por nada estemos afanados, ni por el pasado, ni por el presente, ni por el porvenir, tampoco debemos estar afanados por la economía, las finanzas, las deudas o la provisión, no podemos estar afanados por tantas cosas que no podemos tener o alcanzar, tantas cosas por las que competimos, luchamos y trabajamos.

Vivir en una actitud sin afanarnos traerá paz a nuestra vida, podremos esperar los tiempos y las respuestas de Dios y sobre todo nuestra fe será fortalecida porque no caminaremos por lo que vemos y tenemos en nuestras manos como algo resuelto, sino caminaremos con la fe que las cosas sucederán, cuando Dios quiera y lo permita.

En la palabra de Dios podemos encontrar muchas escrituras acerca de vivir una vida sin afán y cómo podemos lograrlo hoy hablaremos de dos versos que a mi en lo particular me gustan y bendicen mucho.