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José De Segovia nos presenta todos los miércoles el espacio "Blog Abierto".

A sus 77 años, Leonard Cohen ha grabado un disco asombroso –Old Ideas–, lleno de ideas tan viejas, pero fáciles de olvidar, como nuestra mortalidad. Aunque ha sido descrito para la prensa como su álbum “más abiertamente espiritual”, está lleno de las habituales obsesiones de este cantautor judío canadiense –convertido al budismo zen– por el sexo, la muerte y Dios.

Todo parece indicar que estamos ante el momento solemne del escenario de una gran despedida. El suave sonido del órgano y unas susurrantes voces femeninas, nos reciben en torno a la cama del moribundo, que en vez de apretarnos la mano y besarnos en la frente, pronuncia sus últimas palabras con la sabiduría de saber que está cerca la hora de su partida…

Lo secular y lo espiritual, lo sagrado y lo profano, se reúnen en esta meditación final llena de quietud y gracia, tristeza y vida. En el discurso que dio al recibir el Premio Príncipe de Asturias el año pasado, habló de “la gran derrota inevitable que nos espera a todos”. Todas las canciones de este disco las ha grabado de madrugada –en el estudio que tiene en el garaje del jardín de la casa que se ve en la portada–, antes que empiecen a cantar los pájaros y suene ningún coche. Es “como si cada pieza espera, trémula, el amanecer, sin ninguna garantía de que, esta vez, la oscuridad no vaya a ser permanente” –observa Joe Levy en Rolling Stone–.

Fuente: Protestante Digital