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José De Segovia nos presenta todos los miércoles el espacio "Blog Abierto".

Estos días en Irlanda del Norte aprovecho para ver la serie que ha hecho ahora la televisión británica sobre el dentista que tocaba la guitarra en la Iglesia Bautista de Coleraine y asesinó en 1991 a su esposa, así como al marido de una maestra de escuela dominical con la que tenía relaciones íntimas, cuando estaban en esta congregación en una zona que es lo más parecido al “cinturón bíblico” que hay en Gran Bretaña. Ese fue el año que prediqué por primera vez aquí.

Era un domingo por la mañana en una iglesia presbiteriana de Belfast, que esa misma semana voló por los aires con una bomba del IRA, ya que había un laboratorio de la policía al lado.

Entonces vehículos blindados como tanquetas recorrían la ciudad, como se ve en la serie. La escena en la que el marido asesinado, agente de policía, para de repente el coche del criminal en una carretera aislada en medio del campo, mientras le apunta con un arma, la viví yo aquellos días, volviendo de hablar en una iglesia. El tono amenazador y ambiente de sospecha era algo característico, aquel tiempo en el Ulster.

Me alojo estas semanas en una casa cerca del lugar de los crímenes, que llaman Los Doce Apóstoles. Aquí todo tiene referencias religiosas. Hay iglesias por todas partes y donde vayas suena música evangélica de fondo, como en el “cinturón bíblico” americano. No sé si será por la educación que he recibido, pero me pongo nervioso en estos sitios.

No puedo soportar hacer cola en un supermercado, rodeado de libros cristianos y música de alabanza. Es algo superior al mí. Al poco tiempo estoy deseando escapar a la gran ciudad, para respirar ambiente pagano... Aquellos que hemos tenido el privilegio o la desventaja –según cómo se mire– de haber crecido en un medio evangélico, en mi caso hasta soy hijo de pastor –que al principio tenía además un ministerio interdenominacional–, hemos visto de todo.

Si les parece increíble la historia que les voy a contar, es que tal vez no conozcan todavía demasiado el mundillo evangélico... ¡les queda todavía por mucho por ver!