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José De Segovia nos presenta todos los miércoles el espacio "Blog Abierto".

Hace ahora medio siglo de “el verano del amor” en San Francisco, cuando las calles de Haight-Ashbury se llenaron de “los hijos de las flores”. Exploraban el efecto de las drogas en nuevas formas de amor y convivencia. Les llamaron hippies, pero ellos preferían un nombre que muchos todavía reivindican hoy, “hipsters”.

El término se usa ya en la generación “beat” de los años cincuenta. Algunos de aquellos “beatniks” se instalaron en viejas casas victorianas, donde los alquileres eran más baratos que en North Beach, como el poeta Michael McClure, que vivía con su familia al lado de los Grateful Dead.

Enfrente de la casa que tenía el grupo de Jerry García en la calle Ashbury, estaban los Ángeles del Infierno. Aunque al principio eran antagonistas a las protestas contra la guerra, Ken Kesey los incorporó al festival que organizaron para recaudar fondos para los Diggers, un grupo que promovía en 1966, la propiedad compartida, el intercambio de bienes y el reparto gratuito de comida en esa parte del parque Golden Gate, que se conoce como Panhandle.

Es difícil imaginar que hasta hace medio siglo, el LSD era todavía legal en California. Kesey era un licenciado de Stanford que había participado en estudios sobre sus efectos. Después de escribir “Alguien voló sobre el nido del cuco”, emprendió un viaje con un autobús pintado de colores fluorescentes, que llamó Más Allá. Lo conducía, al principio, Neal Cassady, la leyenda “beat” que protagoniza con Kerouac “En el camino”.

Se hicieron llamar los Merry Pranksters. Circulaban alrededor de la bahía, donde ofrecían gratuitamente LSD, como leemos en un libro de Tom Wolfe, que comienza con su liberación de la prisión donde fue enviado por posesión de marihuana.

Fuente: Protestante Digital