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La Apologética consiste en defender nuestra fe ante aquellos que nos demandan razón de ella. Cuando Dios le reveló su nombre a Moisés, dijo: «Yo soy el que soy», dejando muy en claro que la existencia (el ser) es su principal atributo (Éxodo 3.14). Anselmo de Canterbury, monje del siglo XI, usó esta idea para formular una prueba de la existencia de Dios a partir de la noción de Dios, sin tener que buscar la evidencia en la creación.

Hay varias formas de este argumento, pero veamos solo la idea de Dios como Ser perfecto. Anselmo definió a Dios como «aquel del que nada más grande [que él] puede ser pensado», y argumentó que este ser debe existir en la mente, incluso en la mente de la persona que niega la existencia de Dios. Sugirió que, si el mayor ser posible existe en la mente, también debe existir en la realidad. Si solo existe en la mente, entonces un ser aún mayor debe ser posible: uno que existe tanto en la mente como en la realidad.

Por lo tanto, este ser más grande posible debe existir en la realidad. La existencia necesaria significa que algo existe y no puede no existir. Cuando decimos esto de Dios, significa que para Él es imposible no existir. Esta es la clase más perfecta de existencia porque no puede dejar de ser.