La Apologética consiste en defender nuestra fe ante aquellos que nos demandan razón de ella. El milagro más impresionante del Nuevo Testamento y el más atestiguado de todos los milagros es la resurrección de Jesucristo. Este fabuloso hecho sobrenatural es la prueba suprema de las pretensiones de Cristo acerca de su deidad.

Si Jesús no hubiera resucitado de los muertos, todas sus afirmaciones habrían quedado desmentidas en una fría tumba. El apóstol Pablo señala la trascendencia de la resurrección cuando escribe: "Y si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación, vana también es nuestra fe" (l Coro 15:14). George Ladd señala: “Si Jesús ha muerto, se niega todo su mensaje.

Si ha muerto, no puede venir en su reino. Si ha muerto, la esperanza de una venida triunfante del celestial Hijo del Hombres es, evidentemente, imposible. Por el contrario, si él ha resucitado de entre los muertos todo lo que dijo ser, hizo y prometió, es a una absoluta verdad.”

Jesús murió realmente, y se levantó de los muertos en el mismo cuerpo físico en que murió. Hay muchas explicaciones de la resurrección de Cristo, pero ninguna satisface los hechos. Muchos escépticos se han convertido al evangelio tratando de refutar la resurrección.