Hazte socio de radio solidaria

Uno se convierte en su propio evangelio, como escuché decir una vez a un seminarista: “la experiencia de Jesús en nuestra vida, es nuestro evangelio”. En otras palabras, podemos dar a conocer a Cristo y el inmenso amor que nos tiene, a través de la vivencia de nuestra fe. Predicar el evangelio, como decía antes, no es recitarlo sino ponerlo en práctica. Decía San Francisco: “La verdadera enseñanza que trasmitimos es lo que vivimos; y somos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos”.

Esto se refleja en nuestras acciones hacia los demás: escuchándolos, apoyándolos en situaciones alegres y tristes, haciéndoles saber que vamos a estar ahí cuando lo necesiten, rezando por ellos, siendo alegres, ayudando, dando sin esperar nada a cambio, en abrazos, dando palabras de aliento. En definitiva, a través de los pequeños gestos. Que los otros vean que no solo creemos, sino que también lo vivimos y sentimos, que estamos comprometidos realmente con la fe.