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El señor Jesús delega autoridad a personas que habiendo nacido de nuevo y cuidando su salvación se comportan como siervos fieles, de ninguna manera es que Jesús otorgue autoridad en su reino a una persona no nacida de nuevo sólamente por sus obras, ya que la salvación no es por obras, y el siervo infiel es echado al infierno donde será el lloro y crujir de dientes no por no ser cristiano ó por no haber nacido de nuevo, sino porque ya habiendo nacido de nuevo y siendo un siervo del Señor, no dió el fruto que se espera de un siervo.

Jesús también enseñó que quien no permanece en El y no da fruto es echado al fuego.

“Todo pámpano que en mi no lleva fruto, lo quitará, y todo aquél que lleva fruto, lo limpiará para que lleve más fruto” Juan 15: 2

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano y se secará y los recogen y los echan en el fuego y arden” Juan 15 : 5-6

“Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego” Mateo 7 : 19