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Vivimos en una sociedad donde el consumismo tiene cada vez mayor presencia. En estas fechas, en las que todo parece girar en torno a regalos, fiestas y adornos, es necesario recordar el verdadero significado de la Navidad. La Navidad es Jesús.

No nos equivoquemos más: la Navidad es Jesús. Él fue el que quiso llegar hasta nosotros para redimirnos y esta redención no nos puede llegar en un mundo que vive en lo accesorio y más en estas fechas, cuando eso “accesorio” se convierte cada vez más en un consumismo desenfrenado.

La Navidad es Jesús, es su gran figura la que debemos tener presente. Todo lo demás, como decíamos, es accesorio o gira alrededor de esa única gran Verdad. Los regalos, las fiestas y los adornos están muy bien, pero no son nada en sí mismo.

Debemos entender de una vez por todas que la fiesta no es nuestra, porque celebramos el Nacimiento de Jesús. Puede que el Milagro de Dios que se hizo Hombre tal vez no lo entiendan muchos o que algunos se empeñen en querer cambiarle el sentido, pero sin Jesús no habría Navidad y sin Navidad no habría Cruz ni Resurrección, ni Redención ni Iglesia ni Esperanza. Estaríamos perdidos a nuestra suerte en un mundo sin Amor.