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La Biblia dice que Jesús antes de dejar a sus discípulos les dijo: “Vayan por todo el mundo y hagan discípulos de toda criatura, predicándoles el evangelio y ensenándoles a que obedezcan la Palabra que les he dado hasta que yo regrese” (Mt. 28:19-20). Hacer misiones es cumplir la misión que Jesús encargó no solo a sus doce discípulos sino a todos los que ya hemos creído en Jesús.

En este sentido general, todos hemos sido enviados, todos hemos sido comisionados, y esto es lo que debemos hacer, dar a conocer al que nos envió, a Jesús el único que puede dar vida eterna. Claro está que hay personas que con el deseo de cumplir fielmente esta misión, Dios los ha llamado a dejar su propia nación, su propia ciudad, y su propia familia para ir a otros lugares. En este sentido, Abraham es uno de los primeros misioneros en la historia, porque dejó todo para obedecer a Dios.

También dijo Jesús a sus discípulos, “y me seréis testigo en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8). Las misiones pueden ser hechas aquí y allá, yendo o enviando, orando o ayudando. La Iglesia local se ha convertido en un equipo donde todos pueden participar en el cumplimiento de esta misión, la de llevar el mensaje del evangelio a todas partes, y a toda persona.

Viéndolo de esa forma, todos somos misioneros, y es mejor afirmarlo así, si todos participamos en la evangelización de los no creyentes, todos estamos haciendo lo que Jesús dijo a sus discípulos que hicieran. Claro está, que hay lugares en el mundo donde no hay libertad de presentar abiertamente el mensaje de salvación a través de Jesús, y es en esos lugares donde se debe crear estrategias de cómo cumplir esta misión, porque no todos podemos llegar hasta allí.

Muy bien, hasta este momento he dicho que lo que hace un misionero es dar a conocer el mensaje de salvación a través de Jesús. También he dicho que ese mensaje debe ser anunciado en todo lugar y a todo ser humano, aún en los lugares que no es permitido y que se requiere estrategias, agencias, y personas llamadas por Dios para atreverse a aceptar esos retos.

Hacer misiones es cumplir la misión de Jesús, la de anunciar el evangelio a toda persona en todo lugar, y que la iglesia es el principal instrumento y agente responsable. Es de las iglesias de donde debe salir la iniciativa tanto de enviar como de soportar al enviado. Entendiendo esto, podemos decir que todos somos misioneros, unos acá y otros allá, unos orando y otros yendo, unos ofrendando y otros predicando.

Lo más importante es que Jesús sea predicado como el único que da salvación y vida eterna. Hacer misiones es eso, cumplir este proyecto histórico de Jesús, el de dar a conocer al Padre. Esa es la misión que tiene la Iglesia, y aquella que deja de hacer esto, deja de estar en la razón de su existencia. Así que, todos unidos anunciemos que solo Jesús da vida eterna. Pablo dijo estas palabras a Timoteo, “Predica la Palabra, insta a tiempo y fuera de tiempo. Cumple tu ministerio, haz obra de evangelista” (2 Ti. 4:2,5ª). El tiempo lo amerita, Dios lo ordena, y tú no siempre estarás aquí para hacerlo.