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Olvida el pasado y sigue adelante. ¡Dios va contigo!

El pasado siempre ata al ser humano. No importa lo que hicimos o no hicimos, cuan feliz o infelices hemos sido; es necesario avanzar cada día hacia la perfección. Nuestra vida es un constante cambio y tenemos etapas para crecer mental y espiritualmente (Ec. 3.1). Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora: un día fuimos niños, pasamos a la adolescencia y luego a la juventud. En cada una de estas etapas nos pasan cosas buenas y malas.

Cuando Saulo llegó a Jerusalén trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo no creyendo que fuese un discípulo (Hch. 9.26). Pero él venció su pasado. Si queremos empezar una nueva vida, debemos comenzar por nosotros (Hch. 9.20-22).

En seguida Pablo predicaba a Cristo en las sinagogas diciendo que éste era el hijo de Dios (v.20); y todos lo que le oían estaban sorprendidos y decían: “¿no es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes? (v.21). “Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo”, (v.22).

Cada cristiano debe comenzar a olvidar su pasado, sabiendo que hay personas que nos conocen y nos recuerdan nuestra vida de maldad. Debemos esforzarnos para dejar a tales personas sorprendidas y demostrarles que ya no somos los de antes.