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En contra de la seducción.

Hablar de la creación, de la redención, o de la santificación, es hablar de las obras de Dios, pero hablar de la seducción es hablar de una de las obras más temibles de Satanás.

El diccionario de la RAE define la seducción como “Engañar con arte y maña; persuadir suavemente para algo malo”. El diccionario de Vine, por su parte, explica que la palabra seducir tal como se emplea en la Biblia proviene de varios términos griegos:

- Deleazo: atraer y atrapar con cebo; atraer con zalamerías y halagos.
- Planao: hacer errar, extraviar.
- Exapasao: engañar totalmente, seducir completamente.

El diablo es un consumado y poderoso artista en el campo de la seducción. Desde las tempranas narraciones del Génesis se puede observar la acción seductora de Satanás quien al presentarse ante Eva, con una estrategia concebida para sus fines, logra envolver y arrastrar a la raza humana hacia el terreno del engaño y de la enemistad para con Dios.

De allí en adelante la raza entera quedó arruinada por el pecado, bajo la justa condenación de Dios, y a expensas de lo que en la soberana voluntad de Dios se le permitiese a Satanás hacer sobre los hombres.

El profeta Isaías se expresó de él como aquel que debilitaba a las naciones (Is.14:12), “que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos; que puso el mundo como un desierto, que asoló sus ciudades, que a sus presos nunca abrió la cárcel” (Is.14:16-17). Y aún en su último libro, Apocalipsis, la Biblia habla de él como “el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero” (Ap.12:9).