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La vida de Jacob es destacada en el libro de Génesis. Después de que Jacob aceptó lo que era, el ángel le puso otro nombre. Esto es muy significativo, cuando aceptamos lo que somos, puede haber cambios en nuestras vidas. Mientras sigamos negando y ocultando lo que somos jamás podremos cambiar. No podemos cambiar lo que no aceptamos, no podemos cambiar aquello que no aceptamos en nuestra consciencia.

Por ejemplo, tengo una uña encarnada, me molesta muchísimo, pero me da muchísima vergüenza que me vean mis pies, porque considero que son feos y la uña encarnada hace que se vea más feos todavía. Tengo miedo a que me critiquen o hagan comentarios negativos de mis pies. Al verme cojear la gente me pregunta que me sucede, yo niego la situación y digo que no me pasa nada. Y sigo cojeando. ¿Será que me voy curar? ¿Qué debo hacer para poder cambiar este malestar?

Esto es lo que nos pasa a nosotros, tenemos miedo a la crítica y eso mismo nos hace callarnos y negar las cosas y por lo tanto no podemos cambiar la situación. Hasta que aceptemos que tenemos una uña encarnada y estemos dispuestos a mostrarles nuestros pies al especialista, podrá mejorar la situación.

Cuando Jacob aceptó que era usurpador, Dios le cambió el nombre y le llamó Israel, que quiere decir: “Príncipe de Dios”. El aceptar lo que somos nos cambia.

Otra cosa interesante para comentar es que Dios no lo rechazó por eso. Muchos cristianos temen mostrarse delante de Dios tal cual son, porque temen que Dios los rechace. Este es un error, es una creencia aprendida desde nuestra infancia. Nuestros padres nos condicionaron a que ellos nos amarían si nosotros cumplíamos con lo que ellos querían. Es algo más o menos así: “Yo te amo, si tú eres lo que yo quiero que seas, pero te dejaré de amar, si no eres lo que yo quiero que seas”. Por ejemplo, “si te portas bien, mamá te querrá”, “Si te portas bien, te compraré tu bicicleta”, “Me gusta que te portes bien”, etc. Todos estos mensajes los vamos interiorizando y pensamos que para ser queridos tenemos que ser y hacer lo que la gente quiere que seamos. Llegamos a creer que el amor es condicionado. Sin embargo Dios no es así. Dios no nos ama bajo condiciones. Él nos amó independientemente de que si éramos buenos y malos. El amor de Dios no es condicionado, su amor no es de este mundo. Su amor va mucho más allá.

En conclusión podemos decir, que desde que nacimos comenzamos a interiorizar que para ser aceptados tenemos que ser lo que la gente dice que debemos ser. El no ser como la gente dice que debemos ser, genera en nosotros un miedo a ser rechazados, este miedo nos lleva a negar lo que somos y a mostrar lo que la gente quiere ver. Sin embargo, si queremos hacer cambios y ser mejores personas debemos comenzar aceptado lo que somos. Porque no podemos cambiar lo que no somos. Pero si podemos cambiar lo que somos. Dios quiere que se amos auténticos. Él nos hizo diferentes a todos. Nuestro valor no varía. No valemos más, tampoco menos, por lo que hacemos o tenemos, nuestro valor está implícito en nosotros mismos. El amor de Dios es incondicional, Él no dejará de amarnos por lo que somos, por el contrario quiere que aceptemos lo que somos para poder cambiarnos a algo mejor.