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La bendición de los hijos de Jacob. La vida de Jacob comenzó con una lucha. Siendo un gemelo en el útero con Esaú, él batallaba por una posición y nació agarrando el calcañar de su hermano. El nombre de Jacob se traduce como "engañador" (Génesis 25:26). Cuando su madre Rebeca le preguntó a Dios durante su embarazo lo que le estaba ocurriendo, Dios le dijo que dentro de ella había dos naciones, las cuales se dividirían. Un pueblo sería más fuerte que el otro, y el mayor serviría al menor.

Jacob y Esaú crecieron juntos viviendo una vida nómada. Esaú se convirtió en un excelente cazador y le encantaba estar en el campo, mientras que Jacob "era varón quieto, que habitaba en tiendas" (Génesis 25:27). Esaú, siendo un cazador, era el favorito de su padre quien comía de la caza que Esaú traía, mientras Rebeca amaba a Jacob (Génesis 25:28). Este favoritismo destructivo seguiría a la familia en la siguiente generación, especialmente con José el hijo de Jacob. Tal era el favoritismo de Jacob por José, que causó gran resentimiento entre sus hermanos y casi le cuesta la vida a José.

Cuando Isaac se envejeció y sus ojos se oscurecieron, pensó que estaba cerca de su muerte e hizo arreglos con Esaú para pasarle las bendiciones ya que él era el primogénito (Génesis 27:1-4). Al oír esto, Rebeca concibió un plan para engañar a Isaac y que más bien bendijera a Jacob. Por lo tanto, Jacob y no Esaú recibió la bendición de su padre. Esaú juró que mataría a Jacob por causa de esto tan pronto como el período de luto por la muerte de su padre terminara (Génesis 27:41). Como resultado, su padre vivió otros veinte años antes de morir (Génesis 35:27-29).