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Hoy en la tertulia de amigos en Radio Solidaria, Sergio Mendoza y Willy López nos hablarán sobre el libro de Marcos.

Este Evangelio es único, porque enfatiza las acciones de Jesús más que Su enseñanza. Está escrito con sencillez, moviéndose rápidamente de uno a otro episodio en la vida de Cristo. No comienza con una genealogía como en Mateo, porque los gentiles no estarían interesados en Su linaje humano. Después de la introducción de Jesús en Su bautismo, Jesús comienza su ministerio público en Galilea y llama a los primeros cuatro de Sus doce discípulos. Lo que sigue es el registro de la vida de Jesús, Su muerte y resurrección.

El relato de Marcos no es solo un conjunto de historias, sino una narrativa escrita para revelar que Jesús es el Mesías, no solo para los judíos, sino también para los gentiles. En una profesión dinámica, los discípulos, dirigidos por Pedro, reconocen su fe en Él (Marcos 8:29-30), aunque fracasan en comprender plenamente Su Mesianidad hasta Su resurrección.

Mientras seguimos Su viaje a través de Galilea, las áreas circundantes, y luego hasta Judea, nos damos cuenta de Su ritmo de trabajo. Él tocó las vidas de mucha gente, pero dejó una marca indeleble en Sus discípulos. En la transfiguración (Marcos 9:1-9), Él les mostró a tres de ellos, un avance de Su futuro regreso en poder y gloria, y nuevamente se reveló ante ellos como lo que Él era.

Sin embargo, en los días previos a Su viaje final a Jerusalén, los vemos a los discípulos desconcertados, temerosos y dudando. Cuando Jesús fue arrestado, Él se quedó solo después que todos huyeron. En las horas siguientes a los falsos juicios, Jesús proclamó valientemente que Él era el Cristo, el Hijo del Bendito, y que Él regresaría triunfante (Marcos 14:61-62). Los eventos culminantes que rodearon la crucifixión, muerte, sepultura, y resurrección, no fueron presenciados por la mayoría de Sus discípulos. Pero varias mujeres fieles atestiguaron Su pasión.

Después del día de Reposo, temprano por la mañana del primer día de la semana, ellas fueron a la tumba con especias aromáticas para la sepultura. Cuando vieron que la piedra había sido removida, ellas entraron a la tumba. Lo que vieron no fue el cuerpo de Jesús, sino un ángel con una túnica blanca. El gozoso mensaje que recibieron fue, “¡Ha resucitado!” Las mujeres fueron las primeras evangelistas, al difundir las buenas nuevas de Su resurrección. Este mismo mensaje ha sido difundido por todo el mundo en los siglos siguientes y a nosotros hasta nuestros días.

Marcos presenta a Jesús como el Siervo de Dios sufriente (Marcos 10:45) y como Aquel que vino a servir y sacrificarse por nosotros, en parte para inspirarnos a hacer lo mismo. Debemos ministrar como Él lo hizo, con la misma grandeza de humildad y devoción para servir a los demás. Jesús nos exhortó a recordar que para ser grande en el reino de Dios, debemos ser los siervos de todos (Marcos 10:44).

El auto-sacrificio debe trascender a nuestra necesidad de reconocimiento o recompensa, así como Jesús estuvo dispuesto a ser humillado al poner Su vida por las ovejas.