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¿Dónde pueden estar seguros nuestros hijos?

Este es uno de los grandes interrogantes de nuestro tiempo, ante la evidencia que ni que ni aún en instituciones, los menores están a salvo de agresiones sexuales.

¿Qué debemos hacer?

Es evidente que no basta con denunciar, sino actuar con decisión ante la menor sospecha relacionada con un caso de pederastia.

Esto significa que además de las denuncias, la actitud debe ser la de avanzar con acciones legales para que se castigue penalmente a los culpables.

En el plano estrictamente familiar, los padres debemos ser severos en todo aquello vinculado con la vida de nuestros hijos. Observar, indagar e incluso investigar cómo se desarrollan las actividades que tienen programadas, quienes son sus responsables y la garantía que nos brindan en cuanto a sus conductas.

No se trata de crear un clima de sospecha, se trata de ser realistas al máximo, porque es la única forma de salvaguardar a nuestros pequeños.

Y naturalmente, tener una perfecta relación con los hijos para que la de ella surja la confianza, como la que Dios ha establecido.

Existe un orden que debe ser respetado y una inexcusable obligación de educar a los hijos. Formando parte de esa educación, debemos incluir todo aquello que signifique anormalidades fuera del ámbito del hogar. Esta es nuestra responsabilidad...