Un hombre sin Dios nunca tendrá paz en su corazón ni coherencia en su mente. En estos tiempos la coherencia parece ser la gran ausente en cualquier cuestión que se pueda considerar. Con ejemplos se demuestra mejor esta afirmación. Por un lado se magnifica la importancia que tendrán las unidades robóticas, pero por otro lado se nos advierte acerca de sus peligros.

Son buenas porque harán muchos trabajos que mejorarán la calidad de vida de los hombres, pero se nos advierte que un robot será el gran competidor en el mercado laboral. Con estas apreciaciones resulta difícil considerar si un robot es bueno o es malo!

Si agregamos a todo esto la exaltación del hombre por el hombre mismo, como hace el humanismo, nos encontraremos con otro dilema. Si el hombre es tan inteligente y tan capaz, para que crea un robot que será su competidor?

Así es como nos debatimos en una contradicción tras otra y así es como vivimos en un manifiesto clima de confusión. No sabemos en qué dirección vamos y lo que es más grave aún, tampoco sabemos para qué vamos.