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Confiar en Dios es tener la seguridad de que él no nos fallará. A todos nos llegan tiempos difíciles e inciertos. ¡Es parte de la vida! ¿Cuál es nuestra respuesta ante ellos? ¿Seguimos confiando en nuestro Padre Dios o nos dejamos llevar por la tristeza, la ansiedad y la desesperación?

Puede que pensemos que una vez tomada la decisión de seguir a Jesús, ya está todo resuelto. Y sí, hasta cierto punto, así es. Ya está resuelto lo más importante: nuestro destino eterno. ¡Sabemos que pasaremos la eternidad con Jesús! Pero mientras tanto, seguimos aquí en la Tierra y la vida aquí está llena de retos. Es en medio de ellos que nuestra fe es probada. Nos corresponde decidir si mantenemos nuestra fe firme, apoyada en Dios o si nos damos por vencidos.

Cuando pasamos tiempo con Dios y hablamos con él cada día, recibimos descanso y paz en nuestra alma. Acércate a él y llévale tus cargas. Pero decide también ir ante su presencia para escuchar su voz y recibir su abrazo amoroso y consolador. Deléitate en el Señor, no permitas que los problemas opaquen tu visión espiritual.

Esa relación diaria con Dios en medio de cualquier situación te ayudará a seguir adelante y fortalecerá tu confianza en el Señor. No le des la espalda a Dios. Ve ante él, siente su presencia y su cuidado y verás cómo crece tu confianza. Mientras mejor conozcas a Dios, más fuerte será tu confianza en él.