Meditar en la palabra de Dios trae grandes beneficios, y esto no significa solamente que la leamos y la hablemos, sino que cada palabra sea revelada por el espíritu santo y logremos guardarlas en nuestro corazón, y se haga carne de nuestra carne.

Lo primero que hace la palabra de Dios en nuestra vida cuando inclinamos nuestro oído a sus razones es producir frutos. En el libro de Juan 15:7-8 dice: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho.

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos”. Posiblemente en este momento estés pasando por alguna situación difícil o desagradable en tu vida, de repente una situacional emocional o espiritual o una etapa de soledad, pero Dios te dice que cuando inclinas tu oído a su consejo puedes pedir lo que quieras y será hecho, y darás fruto de la semilla que Dios pondrá en ti.