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"¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido"

Esta parábola nos ilustra la misión de Jesús el Hijo de Dios, quién vino a este mundo y habitó entre los hombres como el Buen Pastor, que vino a buscar y salvar lo que se había perdido, entregando su vida en una cruz por sus ovejas. También nos revela la alegría del cielo, cuando es cumplida su misión.

Nosotros somos esa oveja perdida, que extraviada y sin propósito en Dios transitábamos sobre esta tierra, hasta el día en que Jesús, el Buen Pastor, nos encontró herida, golpeada, y sin esperanza. Con cuánto amor nos tomó en sus brazos, lavó nuestras heridas, perdonó nuestro extravío, y nos restauró en el maravilloso Propósito Eterno de su Padre, en la alegría de vivir en su Casa como uno de sus hijos.

Que maravilloso es saber que no caminamos solos, que hay otras ovejas que nos animan y nos alientan a través del camino, tú y yo sabemos, que somos esa oveja negra de la foto, y que solo con el caminar junto a las otras ovejas siguiendo la voz de nuestro pastor, nuestro color se va mudando, hasta transformarnos en una oveja como todas las demás, del rebaño del Señor.