Hazte socio de radio solidaria

Un hombre piadoso y temeroso de Dios vivía siempre preocupado por la vida de sus hijos. Ellos estaban constantemente en el corazón de este amoroso padre que diariamente se levantaba para interceder ante Dios por ellos. Su más grande temor era que sus hijos hayan pecado, por lo que buscaba a Dios para que los ayude a andar en Sus caminos. Este piadoso hombre se llamaba Job. (Job 1:4, 5)

¿Cuán profunda y seria es su preocupación por los suyos? Para los esposos, los padres, los hijos, los abuelos y familiares, su afecto natural es profundo, pues nuestra relación y convivir nos ha acercado íntimamente. De una manera distinta, pero también profunda, pueden estar nuestros amigos y la familia espiritual de la iglesia. A continuación, podrán estar los compañeros de trabajo y vecinos. Y ya después podemos ubicar en esa lista de prioridades a otras personas. Este orden natural de afecto determina mi grado de interés.

Existen varias formas para manifestar nuestro amor y aprecio hacia los demás, ya sean por palabras de afecto o por actos de aprecio. Pero existe un medio que muchas veces puede ser intangible y desconocido para quienes amamos, que va más allá de un afecto, y es una manifestación real de cuidado y preocupación que involucra nuestro amor hacia ellos y nuestra fe hacia Dios. Esta manifestación de amor es la oración de intercesión.

Cuando intercedemos por aquellos a nuestro alrededor, lo que hacemos es expresar nuestro deseo de su bienestar, pero también manifestamos nuestra dependencia y confianza en Dios. Así que nuestra oración se convierte en un acto de amor hacia los nuestros y de adoración hacia al Señor.

Podemos pedir por muchas cosas: como la salud, el trabajo, los estudios, protección en un viaje, relaciones personales, problemas que ellos enfrenten, etc. Pero el motivo más poderoso, y por el cual nunca debemos dejar de pedir, es por su bienestar espiritual.