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Una de las mayores revelaciones de mi vida es que: puedo elegir mis pensamientos y pensar las cosas a propósito. En otras palabras, no tengo que pensar en lo que caiga en mi mente. Esta fue una revelación que me cambió la vida porque como Proverbios 23: 7 (RVR) dice: » Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él.» Me gusta decirlo así: Donde la mente va, el hombre sigue.

Ahora Dios está preocupado por el hombre que está escondido en el corazón, que es nuestra vida interior. Nuestra vida interior es lo que pensamos. Y como dice la escritura anterior, la manera en la que pensamos determina cómo vivimos y quiénes somos. Es por eso que tenemos que pensar acerca de lo que estamos pensando.

Es tan importante para nosotros entender esto porque si no aprendemos a llevar a todos los pensamientos cautivos a la obediencia de Cristo (ver 2 Corintios 10: 4-5), no viviremos la vida por la que Jesús murió para darnos, una vida de paz con Dios, paz con nosotros mismos, grandiosas relaciones, gozo real y la capacidad de llegar a ser todo lo que Dios nos ha creado para ser. Se trata de elegir creer lo que Dios dice (la verdad) más de lo que creamos a nuestros sentimientos, lo que digan otras personas o a nuestras circunstancias.

La Biblia habla específicamente de tres cosas que debemos hacer para desarrollar una mente que esté de acuerdo con Dios.