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¿Sabías que puedes viajar a Francia sin moverte de España? Pues, aunque resulte sorprendente, es probable si visitas Llívia. Ubicado en mitad de los Pirineos, a 1.223 metros de altura, puedes encontrar este pequeño municipio español perteneciente a la comarca de la Baixa Cerdanya, en Girona, pero que se encuentra completamente rodeado por territorio francés.

Esto se debe a que, tras la firma del Tratado de los Pirineos, en 1659, España tuvo que ceder a Francia 33 pueblos de las comarcas catalanas del Vallespir, el Capcir, el Conflent, el Rosellón y la Alta Cerdaña, que, junto con la Fenolleda, forman actualmente el departamento francés de los Pirineos Orientales, conocido en el ámbito catalán como ‘Catalunya Nord’. Sin embargo, Llívia se libró de esta cesión porque tenía título de villa real, concedido por el Emperador Carlos I, y no de municipio. Así surgió este enclave que permite descansar en Francia mientras permaneces en España.

La ‘Guerra de los Stops’

Llívia, que cuenta en la actualidad con unos 1.431 habitantes, según el último censo poblacional de 2020, permanece unida a nuestro país por la enjuta N-154, carretera de titularidad española. Esta estrecha vía, responsable de enlazar Puigcerdà con la villa, presenció durante los años 70 y 80 la llamada ‘Guerra de los Stops’, una discusión entre España y Francia que, aunque finalmente no acabó con una declaración de guerra, a punto estuvo de provocar un importante conflicto diplomático.

En la década de los 70, los franceses construyeron dos carreteras laterales a esta vía principal para facilitar el acceso a las poblaciones vecinas, acompañadas de varias señales de Stop para priorizar a los vehículos que se incorporaban a la carretera y evitar los numerosos accidentes producidos en la zona. Esto no sentó nada bien en la villa y los vecinos estuvieron años en conflicto con Francia, arrancando las señales que se colocaban.

“Los llivienses nos lo tomamos como una afrenta porque entendemos que el paso prioritario es sagrado. Y, ¿por qué le íbamos a ceder el paso a los franceses cuando la prioridad es nuestra? Parece una tontería, pero aquí esas cosas duelen mucho y la gente está muy sensible”, cuenta a El Mundo José Ramón Rodlland, regidor de urbanismo.

Una villa repleta de naturaleza e historia

Su ubicación hace que el principal atractivo del enclave sea la naturaleza. Los visitantes pueden encontrar a su alrededor varias decenas de estaciones de esquí y numerosas rutas senderistas para disfrutar de una intensa jornada de deporte. No obstante, el interior de Llívia también merece ser visto, ya que ofrece varios puntos históricos muy interesantes.

Una de las paradas más importantes es el Museo Municipal, donde permanecen los restos de la célebre Farmacia Esteve, como instrumentos de laboratorio, 'medicinas’ de los siglos XVI y XVII, recetarios de la época. Es de origen medieval y se estima que fue fundada a principios del siglo XV, con lo que la villa le otorgó el título de “farmacia más antigua de Europa”.

También puedes visitar el Castillo de Llívia para obtener unas increíbles vistas panorámicas de la villa; la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, construida desde finales del siglo XVI, donde podrás observar el símil a una fortaleza; y la Torre de Bernat de So, que sirvió en su día como prisión y ayuntamiento, entre otras funciones.