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Una de las pausas que se puede hacer en el camino hacia la meta de nuestra salvación eterna, es no tener bien firme y clara nuestra identidad en Cristo, porque la falta de identidad trae muchos problema a nuestra vida personal, a tal punto que no sólo puede hacer que nos detengamos, sino que también vivamos dependiendo de lo que las demás personas, situaciones o cosas hagan o piensen de nosotros.

Todos tenemos una identidad, que es como si fuera nuestra huella digital, porque nadie puede ser igual a otra persona, cada uno somos especial y únicos, conocemos nuestra identidad porque sabemos de dónde venimos, nuestra familia, nuestra cultura, nuestro entorno, dónde hemos crecido y todo eso forma parte de nuestra identidad, pero cuando venimos a Cristo y empezamos a descubrir que nuestra identidad no es solamente lo que nosotros pensábamos que era, sino que hay una identidad que la palabra de Dios nos da como sus hijos, nos vamos dando cuenta que hay cosas que debemos reafirmar, mejorar e incluso agregar a nuestra identidad, porque entonces ya no somos lo que nosotros o la gente diga, sino lo que Dios dice que somos.

Dios nos ha dado una identidad en Él que va por encima de lo que nosotros podemos creer o pensar de nosotros mismos, en Cristo hay verdades tan grandes que debemos vivir en nuestra vida diaria y que si las usamos cada día, no vamos a complicarnos tanto la vida, queriendo ser, parecer o aparentar delante de los demás porque realmente es a Dios a quien buscamos agradar, creyendo lo que Su palabra dice que somos y poniéndola en práctica.

El problema es que la falta de identidad en Cristo si puede hacer una pausa muy grande en nuestro camino hacia la meta e impedir que prosigamos con gozo, con paz, con ánimo porque si no estamos atentos, el enemigo puede utilizar esa falta de identidad, para que entremos en una situación equivocada buscando agradar a todos menos a Dios.

Por ejemplo en estos días El Señor me ha estado mostrando una nueva herramienta que el enemigo tiene, para robarnos la paz, el ánimo, para inquietarnos y algunas veces hasta provocar ansiedad o enfado y es a través de los mensajes de texto. Algo tan sencillo pero que si no tenemos una identidad en Cristo completamente clara nos puede afectar.

Cuando enviamos un mensaje y alguien nos deja en “visto” como suele decirse ahora, crea en nosotros una incomodidad, quizás algunos lo ignoran y no les importa, pero he oido de personas que se hacen un mundo en su cabeza, pensando ¿Y por qué no me responde? ¿Se habrá enfadado? ¿Qué le pasa? ¿Dije algo incorrecto? O sencillamente, piensan esa persona me ignora, no le importa mi opinión, cuando realmente lo que pasa en tiempo real, es que esa persona está ocupada con mil cosas, quizás tuvo un percance, un contratiempo, tantas cosas que pueden pasar en un minuto, no digamos a lo largo de un día.

La falta de identidad en Cristo, el enemigo la puede usar de forma tan sutil, que nos puede llevar a olvidarnos de lo que la palabra de Dios dice y meternos en situaciones completamente irreales, que van desgastando nuestro ánimo, que nos roban la paz, el tiempo y que nos detienen de hacer lo que realmente deberíamos estar haciendo, que es hacer la voluntad de Dios por sobre todas las cosas, realizar nuestro trabajo con excelencia y caminar hacia la meta que es nuestro cometido.
v 2 Timoteo 2:4 dice “Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.” Cuando una persona se apunta en el ejército, dedica su vida a ello, hace un compromiso y busca solamente hacer lo que le piden sus autoridades en el ejército. De la misma forma nosotros si buscamos agradar al Señor no debemos enredarnos en los negocios de la vida, porque nos roban tiempo, los negocios de la vida, son esas pequeñas cosas que al final del día se hacen grandes, nos dedicamos a tratar de complacer una y a otra persona y terminamos estresados, llenos de ansiedad y con pocas fuerzas, porque realmente lo único importante debería ser agradar a Dios con todo lo que hacemos, ya sea grande o sea pequeño, no buscando el ser bien vistos o reconocidos.
v Efesios 6:6 dice “no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios”, ser un siervo del Señor nos llevará a buscar hacer Su voluntad por sobre todas las cosas, cuando hacemos todo por agradar al ojo humano, vamos sufrir muchas decepciones y nos vamos a frustrar porque no siempre las personas van a hacer las cosas o reaccionar como nosotros quisiéramos que lo hicieran, cuando tenemos una identidad firme en Dios buscamos hacer Su voluntad, hacer todo para que sea grato a los ojos de Dios que es lo que realmente debe ser importante para nosotros, servir, trabajar y hacer solo para El Señor.

La palabra de Dios nos da una nueva identidad y hay muchas citas bíblicas que lo confirman a nuestros corazones:

Somos amados:1 Juan 4:19 dice “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”
Somos perdonados, como dice Efesios 1:7 “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”.
Somos bendecidos por Dios como dice Efesios 1:3 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”
Estamos escondidos en Cristo, como dice Colosenses 3:3 “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.”
Somos aceptos en Él, lo dice Efesios 1:6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado”

Y así podríamos dar una gran lista de palabras que hablan de quiénes somos en Cristo Jesús, lo que Él dice es lo que realmente somos y no la opinión que tengan los demás o nosotros mismos.

Pidamos al Señor que la falta de identidad en Cristo no haga que nosotros nos detengamos buscando agradar a otros, agradar a todos, agradar a nosotros mismos y olvidar al que realmente debemos agradar. Reafirmemos nuestra identidad en Cristo y prosigamos hacia la meta.