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Llevar un peso a lo largo de un camino es incómodo, algunas personas suelen llevar una mochila para un largo recorrido, pero lo más importante es ir ligero de equipaje. Tanto en lo natural y aún más en lo espiritual necesitamos dejar todo peso que nos agobia y proseguir en el camino hacia la meta.

La escritura dice en Hebreos 12:1 “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”. Eso quiere decir que todos llevamos en algún momento peso sobre nuestra vida, sobre nuestro corazón, sobre nuestra alma que debemos dejar o despojarnos de él, para correr con paciencia la carrera que tenemos por delante.

Cuando llevamos peso innecesario sobre nuestra vida, proseguir hacia la meta puede convertirse en una dificultad, porque los días se harán más largos, interminables, sentiremos que todo es lo mismo y la rutina nos absorbe de tal manera que sentimos que nos faltan las fuerzas y nos detenemos en el camino, llevar peso sobre nuestro corazón afectará nuestro rendimiento en el trabajo y en todo lo que hacemos.

Pero cuál es ese peso que dice la palabra que debemos despojarnos para correr con paciencia la carrera que tenemos por delante? Hoy hablaremos de algunas cosas que pueden pesar sobre nosotros y que nos quitan las fuerzas para seguir adelante.

Peso del Pecado:El pecado pesa sobre el corazón, aunque no lo podemos ver, cuando pecamos hacemos un alto en el camino para coger un peso del que Dios puede liberarnos, si venimos a Dios, Él nos libera de ese peso y podemos ser libres de toda atadura que impide que sigamos adelante como dice 1 Juan 1:9 “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Cuando somos limpios de toda maldad hay un peso que se quita de nosotros, de nuestra conciencia aligeramos el equipaje para proseguir hacia la meta, el peso que el pecado pone sobre nuestra vida es sumamente pesado y solo Dios puede quitarlo y desecharlo de nosotros.

Peso de la queja y la amargura: Hay peso que es tan pesado como el peso del pecado y es el peso que pone sobre el corazón la queja y la amargura, la escritura dice en Hebreos 12:15 “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”. El programa de la próxima semana hablaremos solamente acerca del peso de la amargura, pero hoy quiero mencionarlo porque es un peso muy grande cuando tenemos queja y amargura en el corazón, lo contrario a la queja y la amargura es el agradecimiento y el gozo.

Cuando dejamos que la amargura y la queja caminen a nuestro lado, nos robarán las fuerzas para proseguir hacia la meta, un corazón lleno de queja es un corazón que no es feliz, que está descontento con la vida y con todo lo que le rodea y de la queja no resuelta, nace la amargura de espíritu que brota como una raíz y se convierte en una enredadera grande que contamina no solo al que la posee sino a los que están alrededor. El peso de la queja y la amargura, nos roba fuerza y solo la gracia de Dios puede liberarnos y llenarnos de gozo y agradecimiento por todo y por tanto que Dios hace con nosotros y que cuando vivimos en queja no lo vemos.

Peso de la incredulidad: La incredulidad es la falta de fe, es un peso que limita nuestra relación con El Señor, nos roba la esperanza y cuando pesa sobre el corazón, no vemos nada posible, por tanto no esperamos nada, ni creemos en nada. La escritura dice en Hebreos 3:12 “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo”, la incredulidad nos aparta de Dios, porque desconfiamos de su fidelidad y de su poder, la incredulidad crea un peso muy grande en nuestra alma, como si fuera una piedra gigante que no nos deja ver las promesas de Dios y nos llena de temor y dudas el corazón, del peso de la incredulidad es necesario para caminar en fe y en victoria.

Peso del qué dirán y la apariencia: Este es un peso innecesario, pero que muchas veces llevamos a cuestas, Efesios 6:6 dice “no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios”. Cuando llevamos el peso sobre nuestra vida de querer agradar más a los hombres que a Dios, vivimos en una falsa apariencia y al final no hacemos la voluntad de Dios sino la voluntad que agrada a los hombres, llevar el peso de querer aparentar lo que no somos, nos roba las fuerzas, vivimos pendientes de la aprobación de los demás, de los reconocimientos, vivimos pensando en lo que los demás piensan de nosotros y cuando las expectativas no se cumplen, sufrimos, nos desgastamos y no avanzamos en el camino hacia la meta, porque el peso de la apariencia y del qué dirán los demás nos ha robado las fuerzas. Nuestra debe ser despojarnos de este peso, buscando agradar solamente a Dios, haciendo siempre su voluntad.

Todos los pesos son difíciles de llevar y nos roban las fuerzas para proseguir a la meta, debemos pedir al Señor que nos ayude a despojarnos del peso del pecado, del peso de la queja y la amargura, del peso de la incredulidad y del peso de la apariencia, pidamos al Señor que nos libere de todo peso que nos asedia y luego, libres de pecado, llenos de gozo y agradecimiento, con fe y haciendo la voluntad de Dios por sobre todas las cosas, prosigamos hacia la meta!