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Cualquiera que sea el estado de su relación con el Señor, tenga la seguridad de que Él quiere que sea algo más íntima y más significativa. Dios desea tener una relación tan fuerte y profunda, que las palabras compañerismo y comunión no pueden describirla totalmente. Él nos creó para tener intimidad con nosotros.

Los seres humanos somos las únicas criaturas hechas a la imagen de Dios. Al igual que Él, somos capaces de pensar, razonar y tomar decisiones, aunque nada de esto lo hacemos de manera perfecta.

Los atributos que separan a las personas del resto de la creación, las facultan para relacionarse con el Señor de una manera especial. Ni siquiera los ángeles, que fueron creados para la adoración, pueden comunicarse con el Padre celestial de la misma manera que hemos sido invitados nosotros.

Jesús llamó “amigos” a sus seguidores (Jn 15.15), y Pablo escribió que los creyentes son hijos de Dios (Gá 4.7). ¡No nos relacionamos de manera distante e impersonal! Cuando pasamos tiempo con el Señor, cultivamos una intimidad con Él, como la de un hijo amado con su Padre.

Algunos creyentes tienen la idea equivocada de que la manera para tener contento a Dios, es hacer algo “cristiano”, pero la manera de agradar a nuestro Padre celestial es siendo cristianos. Él quiere que vivamos de tal manera que otros lo vean a Él como nuestro Padre y nuestro mejor amigo.