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Si elegimos nuestras palabras con cuidado, obtendremos una buena reacción. Cuando le decimos a la gente acerca de Dios, debemos ser educados.

No debemos usar palabras enojadas. Esto molestará a las personas. Sin embargo, a veces, debemos advertir a las personas. Jesús hizo esto en Juan 2: 13-16.

Nos encanta escuchar a las personas sabias. Sus palabras nos enseñan y nos alientan. No nos beneficiamos de las palabras de una persona tonta, que odia la sabiduría. Un tonto dirá muchas cosas. Sin embargo, todo lo que dice es tonto.

Dios lo sabe todo (1 Juan 3:21). Él sabe cuál será el resultado de nuestras acciones. Observa a las buenas personas para poder protegerlas. Él observa a las personas malvadas para poder castigar sus malas acciones.

Nuestras palabras pueden consolar a otras personas. Las palabras pueden ayudar a las personas y pueden alentar a las personas. Las mentiras nunca logran estas cosas buenas. Las mentiras lastiman a otras personas. Las mentiras molestan a las personas y causan grandes problemas.