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“Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en el una fuente de agua que salte para vida eterna.” – San Juan 4:13-14

Todos los días experimentamos sed. Todos los días necesitamos tomar algo que sacie nuestra sed. Algunas veces la sed es tan intensa que se nos seca la boca y se nos parten los labios… Dios nos creó así, para que después de dos o tres horas de no haber tomado nada, tengamos sed. Entonces, podríamos decir que nuestra sed es insaciable y nada puede saciar completamente y permanentemente nuestra sed.

En el evangelio según San Juan encontramos la historia de una mujer que todos los días caminaba por un kilómetro y a la hora mas caliente del día para sacar agua de un pozo y saciar su sed. Día tras día esta mujer tenía que regresar a este pozo para tratar de saciar su sed. El agua de este pozo no podía saciar su sed, por eso ella tenía que volver una y otra vez al mismo lugar.

Esta sed física de esta mujer solamente reflejaba su situación espiritual y probablemente emocional. Así como ella trataba todos los días de saciar su sed con el agua de un pozo que nunca podía saciar su sed, de la misma manera ella trataba de saciar su sed espiritual y emocional en hombres y en la religión, cosas que por su naturaleza, nunca podrán saciar la sed de nadie.

La religión no puede saciar tu sed espiritual

La razón por la que existen las religiones es sencilla: el ser humano naturalmente tiene sed espiritual. Dios ha puesto una sequía interna en cada ser humano y esta sequía solo puede ser saciada por El. Pero El Dios verdadero no esta en las religiones hechas por hombres. La gente diseña religiones, o se afilia a determinada religión, creyendo que esta religión finalmente va a saciar su sed espiritual. Dios no esta en las religiones hechas por hombres, por eso el hombre o la mujer que trate de saciar su sed en religiones siempre va a tener sed.

“Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed…”

Pero las palabras de Jesús nos confrontan con nuestra triste realidad, “cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed”. Que triste saber que lo que hemos estado haciendo por tantos años y con tanta determinación y sacrificio no puede saciar completamente nuestra sed. Estamos viviendo (o muriendo) por algo que, por mas bueno que sea, no puede saciar nuestra sed.

Un trago de agua sacia nuestra sed por unas horas pero no eternamente. Un rato de sexo sacia nuestra sed por unas horas pero no eternamente. Una hora de adulterio o fornicacion sacia la sed por unas horas, pero el vacío y la sequía posterior es devastante. Unos años de riqueza y abundancia material traen alegría al corazón en esta vida, pero no satisfacen la verdadera necesidad del ser humano, la cual es una necesidad eterna y celestial.

Lo cierto es que nada en este mundo puede saciar nuestra sed. Todo lo que estamos haciendo, si esta fuera de Cristo, en lugar de hidratarnos nos esta secando. Si seguimos en lo que estamos volveremos a tener sed.

“mas el que bebiere del agua que yo le daré…”

La buena noticia es que Dios amó al mundo de una forma tan inmensa que envió a su Hijo unigénito para que todos los que tengan sed y crean en El, no se pierdan mas tengan vida eterna. Jesus dijo: “si alguno tiene sed, venga a mi y beba. El que cree en mi como dice la escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.”

El agua que sacia la sed eternamente la da Jesucristo. El dice: Yo le daré. Nadie mas nos pueda darnos agua que sacie nuestra sed, solo Cristo la tiene y solo Cristo la ofrece.