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Las personas normalmente tienen sus propias ideas sobre que van a creer o que no, pero esa clase de fe no tiene nada que ver con la fe de Cristo. La fe de Cristo nos es revelada en nuestro espíritu y consciencia humana. Siempre nos guía en una dirección para obtener mayor temor de Dios, más devoción, mayor cuidado y más sacrificios de acuerdo a la carne.

La fe de Cristo tiene sus raíces en Dios mismo. El razonamiento humano no puede comprenderlo, no obstante, está en perfecta armonía con el razonamiento de Dios y sus planes de santificación para nosotros. Solamente cuando estamos completamente convencidos de que Dios quiere lo mejor para nosotros, es que podemos, por la gracia de Dios, actuar conforme a la fe — la fe que nos ha sido revelada sin conocer ningún resultado. Dios ha elegido mantener la revelación de nuestra gloria para el día de Cristo Jesús. En ese momento estaremos delante del tribunal de Cristo y recibiremos nuestra recompensa acorde a lo que estaba en nuestro cuerpo, sea bueno o sea malo.

Hay una cobertura sobre todo lo que es glorioso. No es agradable para la naturaleza del hombre seguir ciegamente el camino de la fe, pero cuando nos ejercitamos haciendo esto, seremos sorprendidos y encontraremos de manera segura la gloria de Dios, oculta bajo la cobertura — una gloria la cual los demás encuentran de manera obvia. Cuando continuamos diligentemente buscando los tesoros escondidos de Dios bajo esta cobertura, vamos finalmente a alejarnos de toda esa buena reputación y religiosidad, y seremos vistos como débiles, personas humildes con ideas extrañas y quienes nunca van a poder deslumbrar a las personas con religiosidad. Por la gracia de Dios estamos determinados a permanecer en posiciones bajas con aquellos que no tienen una reputación.

De acuerdo a las leyes de Dios y a su voluntad, el camino va hacia abajo y luego hacia arriba. La fe de Cristo es nuestra guía durante esta vida, y aquellos que tienen la fe de Cristo deben también hacer las obras de Cristo. Si una persona hace las obras de Cristo y tiene su fe en Él, entonces tendrá también la vida de Cristo.

Es imposible creer en algo a menos que no hemos escuchado, porque la fe viene del oír. Nuestro mediador, el Espíritu Santo está siempre activo con nosotros y en nosotros, mientras nos mantengamos en reposo. Debemos creer y obedecer lo que el Espíritu condena en nuestro interior y en nuestra conciencia. Esto es a lo que la Biblia llama obediencia a la fe.

Fue por la obediencia a la fe que Pablo recibió su apostolado entre las naciones. Sin la obediencia a la fe no habrá crecimiento, progreso ni tampoco frutos. Es cierto que puedes ser un fiel servidor en algunas asambleas religiosas y aparentar que te regocijas aquí y allá, pero nunca serás sincero, honesto, directo y un hombre o mujer con propósito hasta que no aprendas a caminar en este gran misterio: la obediencia a la fe.