Con humildad (1ª parte)

Escrito por el 19 de mayo de 2022

Hay una frase muy sabia que dice “Donde hay soberbia, allí habrá ignorancia; más donde hay humildad, habrá sabiduría.” Autor Anónimo. Y es que la humildad tiene muchas definiciones, pero básicamente es el reconocimiento de nuestras propias debilidades y limitaciones y la aceptación de la grandeza de Dios sobre nuestras vidas.

Estamos rodeados de una sociedad que habla de igualdad y de empoderamiento, se hacen grandes reuniones y congresos, acerca de empoderarse, palabras que se ponen de moda y que nos quieren enseñar a vivir con independencia, con poder, con superioridad, haciéndonos fuertes y aunque El Señor en Su palabra nos enseña que somos más que vencedores, que en Él tenemos fortaleza, también su palabra quiere abrir nuestros ojos a entender que cuando somos débiles, entonces somos fuertes, que cuando estamos en debilidad, reposa sobre nosotros El poder de Cristo, que el grano de trigo debe morir para que lleve mucho fruto y que el que quiera ser el mayor, se haga el servidor de todos.

Obviamente la corriente de este mundo habla todo lo contrario, pero la guía para nosotros debe ser la palabra del Señor y la humildad, es una de las cosas que El Señor dijo que aprendiéramos de Él, en Mateo 11:29 dice “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”

Esto quiere decir, que si la mansedumbre y la humildad traen descanso, entonces la altivez y la soberbia traen inquietud y desasosiego. La palabra humildad proviene del latín “humilitas” que significa “pegado a la tierra”, humildad es entonces un lugar de donde nadie nos puede hacer caer, porque ya estamos en el suelo. Recordemos que caminar con humildad es caminar reconociendo nuestras debilidades y limitaciones, para que verdaderamente veamos que solo es a través de la gracia de Dios que lo tenemos todo.

En nuestro camino hacia la meta, la humildad muchas veces puede confundirse con otras cosas, que no son precisamente humildad.

Humildad no es ser pobre, porque hay personas pobres y sin recursos y llenas de orgullo y altivez.
Humildad no es ser tímido o callado, porque hay personas que aunque no hablan, llevan una serie de juicios y opiniones en su corazón que no dejan cabida a la humildad en sus corazones.
Humildad no es vivir apartado, muchas personas dicen que se apartan de todo y de todos para no meterse en problemas y que por esa razón son más humildes.

Humildad no es apariencia, porque en apariencia podemos mostrar humildad, pero tarde o temprano saldrá a la luz el orgullo que llevamos en nuestro interior.
Humildad no es compararse con los demás para ver lo bueno que somos en relación a los pecadores.

Hay mucho para hablar de la humildad, hoy vamos centrar nuestra reflexión en lo primero con quien debemos mostrar humildad y donde más nos cuesta a veces tener y es ser humildes ante Dios.

Y hay tres aspectos en los que tenemos que ser humildes con El Señor:

ACTITUD HUMILDE ANTE DIOS: Miqueas 6:8 “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” Podemos pensar que siempre venimos humildemente delante del Señor, pero debemos examinar de qué forma y en qué actitud venimos ante Él, muchas veces somos increíbles, para dar ideas y soluciones, para arreglar las cosas a nuestra forma y manera, para acomodar todo a nuestra conveniencia y siempre buscamos que se hagan las cosas como nosotros queremos que sean, por eso debemos de tener mucho cuidado, para no venir en esa misma actitud delante del Señor.

¿Cómo hablamos con El Señor? Le decimos humildemente nuestra situación, necesidades, le expresamos nuestra condición y le contamos cómo nos sentimos en esos momentos? O venimos ante Él diciéndole exactamente lo que tiene que hacer y cuándo, le decimos cómo podrían ser las cosas y le damos las soluciones como si Él, no supiera exactamente qué es lo que tiene que hacer con nosotros? ¿Venimos ante él humildemente?

HUMILDAD ANTE SU VOLUNTAD: Filipenses 2:5 y 8 dice “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” verso 8 “y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Jesús es el mayor ejemplo de humildad ante El Padre, Jesús se humilló a sí mismo, y se hizo obediente, una obediencia extrema y radical que le costó su propia vida y murió en una cruz, renunciando a todo, humillándose hasta lo sumo, para tener la victoria sobre todo, Jesús hizo la voluntad del Padre, aceptó sus planes y llevó a cabo el plan de salvación. Cómo es nuestra humildad ante la voluntad de Dios, aceptamos Su voluntad por encima de nuestros deseos, de nuestros anhelos, de nuestra propia voluntad.

Cuando nos humillamos ante la voluntad del Señor reconocemos que nuestras opciones y decisiones no son las mejores, sino que los planes de Dios son perfectos y es entonces cuando llevamos a cabo la voluntad del Señor en nuestra vida, cuando vemos Su gloria y el fruto de esa humillación, Dios nos da Su victoria y transforma la maldición en bendición a través de un corazón que está dispuesto a hacer humildemente Su voluntad.

HUMILDAD ANTE SU PRESENCIA: 1 Pedro 5:6-7 dice “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo;echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” Ser humildes ante El Señor es vivir con esa actitud ante su presencia, un corazón humilde ante El Señor, es un corazón que no vive afanado por el mañana, los temores, la preocupación, la ansiedad, los miedos, todos reposan sobre Él, porque tenemos la seguridad que Él tiene cuidado de nosotros, el humillarse bajo la poderosa mano de Dios, físicamente es vivir como si una mano estuviera puesta sobre nuestra cabeza y no permite que se levante la altivez de nuestros ojos, la altivez de nuestros razonamientos, la altivez de nuestras palabras, no hay lugar para el empoderamiento, no hay lugar para la soberbia, porque caminamos bajo Su poderosa mano.

Estamos viviendo tiempos difíciles y es importante caminar hacia la meta con humildad, primeramente al El Señor, con una actitud que no le dice lo que tiene qué hacer, sino que acepta Su voluntad, sus planes, sus decisiones, caminando en humildad bajo Su poderosa mano, que nos libra, nos protege y nos sostiene.

Seamos sabios y no ignorantes, con humildad, prosigamos hacia la meta.


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