Fenómenos celestes

Escrito por el 26 de mayo de 2022

Una lluvia de meteoros o «estrellas fugaces» es un evento muy habitual en el cielo nocturno. Cada año hay alrededor de una docena que producen bastante actividad, desde las Gemínidas en diciembre hasta las famosas Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo en agosto.

Durante el pico pueden precipitarse hasta unos 100 meteoros por horas. «Los meteoros ocurren cuando una partícula de polvo, habitualmente desprendida de un cometa, llega a la atmósfera de la Tierra. La velocidad es tan alta que alcanza miles de grados de temperatura y desde la superficie se observa como una estrella fugaz», explica el astrónomo Borja Tosar.

Hay, además, otras lluvias que tienen una actividad que se podría definir como poco significativa. Este martes, por ejemplo, tendrá lugar el máximo de las Tau Hercúlidas. El nombre se debe a que la zona del cielo de donde parecen surgir se encuentra en la constelación de Hércules. Sin embargo, este año la actividad podría ser extraordinaria.

«Una nube de partículas que dejó el cometa 73P/Schwassman-Wachmann 3 tras su paso cerca del Sol en el año 1995 lleva orbitando el Sistema Solar desde entonces. Es posible que en la noche del 30 al 31 de mayo atraviese la órbita terrestre generando una auténtica tormenta de meteoros», apunta Tosar.

Ahora mismo, se desconoce con certeza si será posible observar uno de los mayores espectáculos astronómicos que se pueden contemplar. La predicción procede de Jérémie Vaubaillon, astrónomo del observatorio de París. Su modelo matemático indica que es probable que esto suceda, pero no está garantizado al cien por cien.

La única forma de saberlo será salir a observar esa noche el cielo. «Una tormenta de meteoros es un fenómeno mucho más activo que las típicas lluvias de estrellas fugaces que podemos ver cada año. La última que hubo fue la de la de las Dracónidas en 1933 y cayeron 1.000 estrellas fugaces por hora, un espectáculo muy raro que puede darse la madrugada de este martes», sostiene Tosar.

Para disfrutar del fenómeno se recomienda alejarse de las zonas urbanas. La mejor hora para observarlo será desde las 5:30 horas de la madrugada hasta al amanecer, mirando hacia el oeste, alrededor de la constelación de Hércules. Si finalmente no se produce el evento, el madrugón habrá merecido la pena aunque solo sea para contemplar la alineación de Venus, Marte, Júpiter y Saturno.

Los astrónomos y meteorólogos miran al cielo para predecir fenómenos físicos. Pero aquí se terminan las coincidencias. Los científicos que estudian el cosmos pueden anticipar eclipses que ocurrirán dentro de 200 años con una precisión asombrosa, mientras que las previsiones que realizan los expertos de la atmósfera no son fiables más allá de dos días.

«La astronomía al nivel de los movimientos de la Luna y la Tierra funciona como los engranajes de un reloj de cuerda. El satélite orbita nuestro planeta con una precisión muy clara y, por tanto, con unas simples matemáticas se pueden hacer predicciones a dos siglos vista. La meteorología es un sistema no lineal. Depende de muchas variables y un pequeño cambio que no se ha tenido en cuenta modifica el resultado final», explica.

Sin embargo, también puede darse el caso de que la astronomía sea incapaz de conocer la naturaleza de un evento a pocos días de que ocurra. «Las lluvias de estrellas fugaces son mucho más complicadas y requiere de complejos modelos. En este sentido, ya sea por el resultado de la observación de la mayor lluvia de estrellas fugaces en décadas o de una noche sin una estrella fugaz, este evento astronómico nos ayudará a ajustar el modelo de predicciones y calcular mejor cómo se producen y cómo se mueven las nubes de polvo de cometas en el sistema solar», concluye Tosar. 


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