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"Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía." (Santiago 5:7)

En esta vida todo requiere paciencia, desde que somos formados en el vientre de nuestra madre, debemos esperar 9 meses para poder ser formados completamente y nacer a la vida; una madre espera ese precioso fruto de su vientre pacientemente, aunque inquietante, espera que se cumpla el tiempo preciso y pueda ver a su hijo y tenerlo en nuestros brazos.

Todo es un proceso para poder llegar a algo, y la paciencia es una virtud que Dios quiere formar en nosotros. ¿Cómo se forma la paciencia? La paciencia es formada a través de las pruebas y también podemos hacer crecer nuestra paciencia esperando las promesas de Dios cumplirse.

La escritura dice que el labrador espera el precioso fruto de la tierra, no hay ningún agricultor que piense que ayer sembró y hoy recibe el fruto, debe aguardar con paciencia, la lluvia temprana y la tardía.

En la palabra aparece la lluvia temprana que es la que se necesita antes de sembrar, no podemos sembrar sobre una tierra seca y sin vida, necesitamos la lluvia temprana para ablandar el terreno y que la tierra esté fresca para poder poner la semilla y que esta pueda empezar a crecer. Y la lluvia tardía es esa lluvia fuerte, abundante, que no solo moja la tierra, sino que permite que nuestras siembras broten y den el fruto que esperamos.

En nuestra vida Dios quiere formar la paciencia para esperar recibir estos dos tipos de lluvia, la lluvia temprana que ablanda nuestros corazones, que prepara el camino, que hace que nuestras mentes dejen toda incredulidad y se centren en hacer y recibir la voluntad del Señor. Y también necesitamos paciencia para esperar la lluvia tardía, para ver el cumplimiento de las promesas de Dios en nuestra vida, es difícil caminar sin ver respuestas, perseverar orando sin que llegue el milagro, servir sin ser reconocidos, amar y dar sin recibir lo justo, trabajar y esforzarnos sin recibir los frutos rápidamente, pero Dios ha prometido que enviará esa lluvia tardía, su unción sobre nosotros, su fortaleza, su renuevo para que podamos ver el fruto abundante de nuestras siembras.

Mientras todo eso ocurre, nuestra paciencia es probada, porque no se trata solo de esperar la lluvia temprana o la tardía, se trata de esperar en Dios, que nuestra fe crezca, que nuestros corazones confíen y esperen en Él y en nadie más.

Quizás veamos que la lluvia tardía pega fuerte sobre nosotros, a veces las pruebas son muy difíciles de sobrellevar y parece que nunca se van a terminar, pero no nos cansemos de orar y perseverar, no nos rindamos ante las adversidades, no desmayemos ante los tiempos difíciles y los gigantes que muchas veces se levantan contra nosotros, no miremos atrás, porque Dios enviará su lluvia tardía, recibiremos sus promesas, las veremos cumplidas, veremos el fruto de nuestras siembras, veremos el fruto de nuestra oración porque Dios no miente y si Él lo ha dicho, El lo hará.

Este es un tiempo para que nuestra paciencia se forme y se fortalezca, esperemos en Dios, El Señor está cerca!

“Y dije: !!Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría. Ciertamente huiría lejos; Moraría en el desierto. Selah Me apresuraría a escapar del viento borrascoso, de la tempestad." Salmo 55:6-7

Quizás algunas veces hemos dicho expresiones como: Quisiera volar y salir huyendo de aquí! Quisiera estar en cualquier lugar menos en este! Cómo desearía irme lejos! Me gustaría tanto escapar lejos de aquí! Estas son algunas afirmaciones que quizás alguna vez hemos pensado, sentido y aún sin decirlo con palabras lo hemos deseado. Aunque sabemos que el huir o escapar de los problemas no es la solución, nuestro corazón desea salir de la situación que estamos viviendo y que todo se arregle pronto, por esa razón queremos encontrar una solución rápida a nuestro sufrimiento y la mejor salida podría ser volar y salir de ese lugar.

El rey David tuvo el mismo sentir, en momentos de angustia, desesperación, traición, desengaño y tormento que le tocó vivir en un tiempo de su vida en el que tenía enemigos por todas partes, su propio hijo Absalón se habían rebelado contra él y uno de sus consejeros le había traicionado, su corazón estaba dolido, tenía temor y era perseguido, el único deseo de su alma era huir, salir corriendo, salir volando con alas de paloma al desierto para tener un poco de paz y tranquilidad.

David fue un hombre probado por EL Señor y en medio de su angustia sufrió y deseo escapar como cualquier hombre, pero en el mismo instante que deseaba huir, en los versículos siguiente viene a su corazón la confianza que siempre había tenido en Dios, y termina el salmo diciendo "Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo."

El expresaba ante El Señor el deseo de su corazón de salir huyendo, de escapar y de correr lejos de sus angustiadores, pero no se quedaba en esa desesperación porque echaba su carga sobre El Señor, recibía su sustento y resurgía en su corazón la promesa que El Señor no dejaría para siempre caído al justo.

A veces con toda la situación que se está viviendo quisiéramos huir o recibir alas como de paloma para volar ahora mismo y huir del tiempo que estamos viviendo? A veces quisiéramos irnos aunque sea al desierto con tal descansar un poco de nuestras penas, adversidades y sufrimientos? No es necesario que huyamos, busquemos al Señor en oración, echemos sobre EL Señor nuestra carga, entrega a él tus preocupaciones, frustraciones y dolor, Él sabe exactamente qué hacer con todo lo que estamos pasando, hablemos con Dios aún de los deseos de huir y de escapar como David hacía, El Señor nos entiende, Él sabe todo lo pasa por nuestra mente, alma y corazón, entonces recibiremos el sustento del cielo que Dios enviará para socorrernos, animarnos y darnos nuevas fuerzas para no abandonar y permanecer con todo y contra todo, Dios tiene una solución para cada problema, una respuesta para cada pregunta y una salida para situación, El toma el control y todo va a estar bien.

El salmista David termina el salmo con una breve frase, en la que ya no expresa angustia, temor o deseos de abandonar, el sencillamente dice "Pero yo en ti confiaré." Salmo 55:23, que ese sea hoy El Sentir de nuestro corazón, y con paz interior podamos decir: Aun en medio de la prueba no huiré, en ti Señor confiaré!