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Es muy conocida la alternativa de ver un vaso medio vacío o medio lleno. Podríamos decir que es una ilustración de lo ambiguo, aquello que es incierto o dudoso. Si lo aplicamos a las personas es más difícil todavía de valorar. Es muy conocida la alternativa de ver un vaso medio vacío o medio lleno.
Podríamos decir que es una ilustración de lo ambiguo, aquello que es incierto o dudoso. Si lo aplicamos a las personas es más difícil todavía de valorar.
Por qué?
Porque lo ambiguo es lo contrario de todo lo que significa Jesús. ÉL como nadie representa lo categórico, lo definitivo, lo cierto, lo seguro, lo rotundo.
A tal punto esto es así, que entregó su vida para que los hombres fuéramos perdonados por nuestros pecados y pudiéramos recibir por Gracia la Salvación.
Sólo por Amor y Misericordia!
Cada vez que alguien me comenta lo del vaso, me remito a afirmar que el Hijo del Hombre, lo querría ver vacío de orgullo y de pecado y en cambio lleno de humildad y de vocación de servir al prójimo.
Lo ambiguo, no es de Dios, es de los hombres mal intencionados.