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Fueron tres días donde mirando con objetividad, solo se exaltó el consumo de drogas sin límites y también la promiscuidad, con todos los excesos imaginables. Con cierta melancolía hay quienes recuerdan aquellos supuestos tres días de paz y amor, que conmovieron al mundo en el año 69.
En realidad, todo fue una tremenda ficción. Desde el lugar elegido, por la proximidad de donde residía Bob Dylan, que no asistió al evento, hasta los motivos de su realización.
Fueron tres días donde mirando con objetividad, solo se exaltó el consumo de drogas sin límites y también la promiscuidad, con todos los excesos imaginables. Miles de jóvenes se concentraron sin saber muy bien por qué ni para qué, pero con la consigna de disfrutar y también como protesta contra un mundo que no entendían.
Los resultados no pudieron ser mejor que la propuesta!
Ese amor desenfrenado que se presentó como una forma de ejercicio de libertad sobre la mente y los cuerpos, solo provocó que el concepto se desvirtuara.
Ya no había relaciones sexuales...se hacía el amor. El amor se hace?
El desenfreno con las drogas trajo la terrible consecuencia de que el consumo no afectaba a la salud, sino que por el contrario era beneficioso para quienes lo practicaban.
Y algo más todavía: Woodstock, trajo paz?
Ninguna, solo espíritus alterados de jóvenes que no entendieron su responsabilidad personal, que tuvieron hijos que fueron educados en la desorientación de creer, que se merecían todo simplemente por existir.
Si existe un legado de Woodstock, miremos a nuestro alrededor. Y haciendo un ejercicio de conciencia, pensemos como el espíritu del mal obró sobre millones de hombres y mujeres de todo el mundo.
Y cómo Dios fue apartado, de hecho y de palabra, de la vida de quienes no saben qué hacer con existencia.