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Una de las ayudas más grandes que podemos tener para sentirnos esperanzados es saber que Dios quiere que nos sintamos esperanzados. Sirve de muy poco consuelo el creer que algunas personas son salvas pero no saber si estamos incluidos entre ellas. Recientemente mi corazón se ha regocijado tanto por la seguridad de mi propia salvación que me gustaría que todos ustedes compartiesen este gozo conmigo.

Servir a Dios no es seguro, conveniente, ni cómodo. Normalmente no te aplauden. Normalmente no encuentras la popularidad camino a la cruz. Pocas personas seguirán tu carrera y estudiarán tus estadísticas. Normalmente, seguir las pisadas de un Salvador crucificado no te dará una posición glamorosa o un contrato espectacular. ¿Por qué? “Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” (Fil. 1:29).

Este es el devocional del programa amigos que nos presenta Adolfo Mazariegos.