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Los tiempos de prueba nos muestran cuan vulnerables somos; sin la fortaleza que Dios imprime a nuestras vidas, es casi imposible atravesar el desierto. ¿Cómo lograrlo?

Dejar fluir. Quizá siempre esperas que los problemas se resuelvan de cierta manera. Lo mejor sería abandonarte confiadamente a la voluntad de Dios ante los infortunios y las dificultades. Haciendo lo que te corresponde y orando por lo sobrenatural, pero siempre permitiendo que fluya lo que el Creador tiene planificado.

Esa es la fe: confiar en que lo que Dios tiene para ti, es mejor de lo que tú mismo hayas podido imaginar. Dice la palabra de Dios: «Clama a mí y te responderé, y te enseñaré cosas grandes e inaccesibles que tú no conoces» (Jeremías 33:3).

Confiar en la bondad del Creador. La vida puede enfrentarte a situaciones agobiantes y desesperanzadoras. Sin embargo, a pesar del desierto, del dolor, de la incertidumbre, confía en la bondad del Todopoderoso. Él está trabajando en ti y en la situación. Espera sin dudar siempre lo mejor.

No te desanimes, el sufrimiento viene y va, es parte de la vida. Pero un corazón fortalecido en la gracia de Dios, nunca halla desesperanza, nunca pierde la fe. Me despido con este Salmo, un mensaje del Creador para ti: «Me invocará y yo le responderé. Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación» (Salmos 91:15-16).

Espacio del devocional de amigos con la participación de Izaskun Zárraga.