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La Biblia muestra muchas promesas de Dios ¡y a todos nos conviene saber cómo recibirlas!

En los primeros meses de este año, cuando a la población se le dijo que practicara “distanciamiento social” y evitara los grandes grupos, muchos reaccionaron con pánico despojando las estanterías de los supermercados comprando de todo lo que, a su modo de ver, podría hacerles falta durante el período de aislamiento.

En las redes sociales abundaban las fotos de estantes vacíos, que momentos antes estaban repletos de papel sanitario o gel antiséptica. Tal vez se agotaron las verduras en el mercado de un barrio, mientras que en otro se agotó la carne. Para quienes buscaban cloro o toallas desinfectantes, las probabilidades de hallarlos iban de poca a ninguna.

Movida por el temor, la gente se lanzó a comprar lo que pudiera, mientras pudiera. Entre tanto, las pocas personas que habían planeado con anticipación, las que ya tenían provisiones reservadas de emergencia para algunas semanas, pudieron reaccionar con más calma. Pero, ¿cuántas de esas personas se acordaron de buscar las provisiones más valiosas de todas?

Las provisiones a que me refiero son las promesas que encontramos en la Biblia. Se trata de un regalo de Dios que puede brindarnos lo que no conseguiríamos con toda la riqueza material del mundo. A diferencia de lo que sucede con las estanterías de un supermercado, las provisiones de Dios son inagotables ¡y su valor excede a toda medida!.

Devocional presentado por Daniel González.