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Es muy fácil ser una persona religiosa - asistir a la iglesia de vez en cuando; sentirse bien todos los domingos en el servicio pensando que estamos bien y que Dios se agrada de nosotros por el simple hecho de ir a calentar un asiento cada fin de semana o tal vez porque ayudamos en una actividad en la iglesia y nos creemos los santos porque hemos hecho “algo para Dios”. Pero, ¿será eso lo que Dios pide de nosotros?

No nos equivoquemos con las cosas de Dios. A Dios no le interesa cuantas veces vayamos a la iglesia; no le interesa que tan religiosos seamos, lo que le interesa es cómo está nuestra relación con Él no cómo está nuestra religión.

Tal vez te preguntarás ¿Y cuál es la diferencia entonces? La religión es algo muerto, una costumbre; algo que se hace porque, tal vez, los familiares lo hacían, los abuelos lo hacían entonces lo hacen los hijos y después lo harán los nietos. De acuerdo a la enciclopedia libre (Wikipedia), “El término hace referencia tanto a las creencias y prácticas personales como a ritos y enseñanzas colectivas.”

En la religión hay ciertas costumbres o ritos que la gente hace sin saber el por qué de ellos. Religión es ir a la iglesia y salir igual. Alguien religioso entra a la iglesia como un pecador y sale de la iglesia a pecar más.

Relación, por otra parte, es algo vivo – es “poder de Dios” (Romanos 1:16). Cuando tú tienes una buena relación con Dios, te sientes cambiado; Ya no ves al mundo de la misma manera – lo ves con los ojos de Cristo. Ya no eres tú el que vives “mas Cristo vive en ti” (Gálatas 2:20). Las cosas viejas han pasado y “he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Entras a la iglesia como pecador y sales un hombre nuevo - sales a ganar al mundo para Cristo; sales a demostrarle a los demás que Cristo cambia y transforma de pies a cabeza a todo aquel que le abre la puerta cuando Él dice "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en él" (Apocalipsis 3:20)”.

Tu vida gira alrededor de Dios y vives para Él; trabajas para Él. Ya ir a la iglesia no es un compromiso es un gozo. Ir a la iglesia todos los fines de semana no es suficiente –quieres estar día y noche conectado con Dios. Hablas con Él constantemente. Hablas de Él en la casa, en el templo, en tu trabajo o en la calle. Le hablas a tu familia, amigos o compañeros de trabajo en fin, no puedes contener lo que sientes. Cuando uno tiene una relación con Dios, lo convierte en su amigo en su compañero de vida. No haces nada que no esté en su voluntad; vives para agradarlo a Él.

Dios siempre ha querido tener una relación con su pueblo pero desafortunadamente hay un abismo que separa al hombre de Dios. A veces tratamos de llegar a Él por nuestros propios medios y no es así como se logra. Es por medio de Jesucristo que podemos llegar a Dios; Jesús funciona como un puente para atravesar ese abismo que nos separa de Dios pues Él dijo “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, nadie viene al Padre, sino por mi" (Juan 14:6). Para tener una relación con Dios lo primero que hay que hacer es aceptar a Jesús como dueño y salvador de nuestra vida y reconocer que sin Él no hay salvación.

Cuando tu vida gira alrededor de Dios, tu vida tiene sentido, tu vida tiene orden; todo es dirigido por Él y tú no tienes que preocuparte de tu futuro pues Él lo tiene todo muy bien planeado para ti. Pero cuando vives en religión y no en relación con Dios, no importa cuántas veces asistas a la iglesia, tu vida sigue siendo un caos; no hay orden y no le sientes sentido a tu vida. Preocúpate por tener una relación con Dios y deja que Él tome control de todos los aspectos de tu vida y verás que la solución es relación no religión.