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Esta historia comienza en la ciudad de samaria. Esta ciudad fue la capital del Reino del Norte, cuando Israel estaba dividida en dos.

Después que el reino del norte y su capital Samaria fueron tomadas por los asirios, deportaron a muchos judíos a Asiria y trajeron extranjeros a que se estableciesen allí, para ayudar a mantener la paz (2 Reyes 17:24). Por lo tanto, de la mezcla de extranjeros y judíos surgió la raza mixta, odiada por los judíos del Reino del Sur llamado Judea, quienes la consideraban impura.

La mayoría de los judíos hacían todo lo posible para no viajar por Samaria, tomaban rutas más largas con el propósito de no juntarse con los samaritanos.

De esta manera el Señor Jesús rompiendo con ese esquema racista decide pasar por allí y se sienta a descansar junto al pozo de Jacob (Jn 4:4-6). Luego una mujer samaritana llega a sacar agua y se sorprende que el Señor Jesús siendo Judío le hablara y además le pidiera agua (Jn 4:7-9).