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Tenemos un Dios de milagros. La Biblia dice que Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Por lo tanto, Dios hizo, hace y siempre seguirá haciendo milagros. Usted y yo podemos vivir seguros de que nuestra vida es producto de un milagro de Dios.

Andan unos por ahí queriendo decir cosas en contra de Jesús. Sin embargo, yo le quiero asegurar que la verdad de Jesús tiene miles de años comprobada y durará para siempre porque es eterna. Jesucristo es la verdad y parte desea verdad es que Él quiere sanarle, restaurarle y derramar abundancia sobre su vida. El es un Dios bueno que quiere dar cosas buenas a su pueblo; es un Dios de milagros y seguirá haciendo milagros.

La prueba de la verdad de Jesús es que hoy en día hay familias y matrimonios restaurados, enfermos sanados, personas que han comprobado el milagroso poder de nuestro Señor Jesucristo.

Esa es la prueba máxima de que Él es la verdad. Cuando vengan y le digan «yo no creo que Jesucristo aún pueda hacer milagros», usted puede, con una sonrisa, mirar a los ojos a esa persona y decirle «yo sí puedo creer, no porque alguien me lo platicó, sino porque me ha pasado a mí. Yo soy prueba del milagroso poder de Jesús». Dice el apóstol Pablo que usted y yo somos cartas abiertas leídas por los hombres. Por lo tanto, habemos muchos que podemos testificar de haber sido sanados, restaurados, liberados de las drogas, del alcohol y de muchas otras ataduras. Jesucristo es el milagro que cada uno de nosotros hemos experimentado. Somos pruebas contundentes del milagroso poder de nuestro Señor Jesucristo.

Dios hace milagros. Él quiere hacer un milagro en usted. La Palabra de Dios dice que lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. La Biblia relata el momento en que el pueblo de Israel salió de Egipto. Egipto es el simbolismo del pueblo de Dios viviendo en esclavitud.

Egipto es simbólico del estilo de vida que muchos de nosotros vivimos: esclavos al pecado, a los vicios, a los temores, al diablo, a los placeres de la carne. Sin embargo, un día llegó nuestro Mesías, nuestro Salvador y nos libró de esta esclavitud.