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David sabía que podía llegar a olvidar las grandes cosas que Dios había hecho por el, es por ello que en una oportunidad le ordenó a su alma que no se olvidara de ninguno de los beneficios del Señor y declaró: «Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios», Salmo 103:2.

El Salmista continúa recordando el perdón que había obtenido de Dios. Bíblicamente vemos a un David que cometió errores, pero que a pesar de ello se humilló ante Dios para recibir de Él la misericordia y el perdón.

«No debemos olvidar de donde Dios nos ha sacado y la misericordia que ha tenido para con nosotros. Aunque muchas veces hemos fallado, el Señor ha sido clemente, esperando que nosotros nos arrepintamos de nuestros pecados y nos volvamos a Él».

«El que sana todas tus dolencias»

Esta declaración prueba que David había podido experimentar la sanidad de Dios en su vida, es por ello que le recuerda a su alma que cualquier enfermedad podía ser sanada por Dios.

«Sea que estemos enfermos o no, debemos reconocer que tenemos un médico por excelencia, capaz de sanar cualquiera de nuestras enfermedades. No olvidemos todas las veces en las que el milagro de sanidad se ha manifestado en nuestra vida y en la de nuestros familiares».