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¿Qué trabajo te permite llevar a un niño a las 8:30, a otro a las 12.00, recoger al primero a las 15.30 y volver a las 18:30?. Con la reorganización de horarios del colegio concertado de Las Rozas al que acuden Jimena (14 años) y Belén (10) la vida de esta familia madrileña se ha desbaratado por completo. «Las opciones que nos plantean desde el centro escolar son verdaderamente de locos. La mayor, que empieza 3º de la ESO, entra en clase a las 12:00 de la mañana y sale a las 18:20 si come en el cole. La cosa cambia si come en casa: entra en un turno de tarde a las 14:00 y sale a las 18:20.

La pequeña si come en casa entra a las 8:30 y sale a las 14:30 y si come en el cole entra a esa misma hora pero sale a las 15:30. Esto deja justo media hora de diferencia de entradas y salidas entre ambas, y las clases escalonadas a lo largo de todo el día».

Después de mucho cavilar en familia, prosigue Carmen, la madre, «hemos optado porque Belén coma en el cole y Jimena, la mayor, en casa. Le dejaremos algo preparado todas las noches para que pueda comer sola. De esta forma además no haremos dos turnos de comida y de transporte diarios».

Esta mujer se pregunta qué harán las familias que viven en las urbanizaciones más alejadas del colegio o en la vecina Majadahonda. ¿Qué profesión te permite esto? ¿Qué trabajo te permite llevar a un niño a las 8:30, a otro a las 12.00, recoger al primero a las 15.30 y volver a las 18:30?», se pregunta esta mujer, que ve cómo toda el orden de su vida se desbarata.

«Estamos desesperados -reconoce-, porque trabajamos fuera de casa los dos, y en mi colegio además no hay ruta de autobús. O llevas tú a tus hijos o te los lleva alguien conocido. Estamos buscando soluciones para coordinarnos con otros padres para hacer turnos de llevada y traída. Si es imposible, ocasionalmente tiraremos de abuelos, que no es la mejor opción dadas las circunstancias del virus y cómo les podría afectar».

Protocolos escolares

«Me consta -prosigue Javier, el padre- que en el colegio, profesores y directores llevan pensando estas actuaciones desde julio. Pero solos. Tenían unos protocolos para aplicar, pero tuvieron que empezar de nuevo a pocos días de empezar las clases porque el Gobierno y Comunidades se reunieron el 27 de agosto. ¡Diez días antes de arrancar el curso! Eso les trastocó todo y tuvieron que adaptarse a la normativa general».

« Sé que el esfuerzo de los centros está siendo impresionante y que quieren lo mejor para nuestros hijos -añade agradecido este progenitor-, pero veo complicado que aguanten un curso entero con un día a día tan cogido con hilos. Los niños vuelven a las casas y cada una es distinta. ¿Y si en la clase de mi hija hay un negacionista? Estaremos de cuarentena en cuarentena. Y a ver quién paga la fiesta. Aunque no es solo eso, las empresas tendrán un límite de aguantar bajas masivas aunque estén obligadas a hacerlo».

De hecho, apunta Carmen, «ya nos han dicho que si hay un positivo en clase, habrá que aislar al niño y cumplir cuarentena, avisar en el trabajo... Y aunque pudiéramos ir a trabajar, uno de los dos se tendría que quedar en casa para cuidar y aislar supuestamente al niño pero, ¿cómo se aisla a un niño de 6, 10 o 15 años en su habitación? No sé cuánto tiempo duraremos así».

«Esta pandemia nos está cambiando la vida a todos, y qué duda cabe de que está dificultando mucho la conciliación si cabe. Si antes ya era difícil, en estas circunstancias lograrlo parece realmente imposible», concluye la madre.