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Patidifuso me quedé. Miércoles a mediodía: la presidenta de la Comunidad Madrileña, Isabel Díaz Ayuso, realiza un discurso (cinco minutos, merece la pena escucharlo) en la inauguración del tradicional belén navideño, ubicado en la sede de la Comunidad, en la madrileña Puerta del Sol. Antes que nada, pido perdón a Ayuso. Como tantos, la he infravalorado.

He infravalorado su inteligencia y su coraje. Alejada de las cursis alusiones a la fraternidad navideña, Ayuso aclaró que la Navidad celebra el Nacimiento de Cristo. Es decir, la idea que latía en todas sus frases era la de la dignidad egregia de cada hombre… precisamente por ser hijo de Dios, categoría excelsa que conseguimos gracias a la Encarnación de Cristo, a la Navidad. Insisto la ideología política de los católicos sólo tiene un eslogan: el hombre es sagrado.

Y eso hace que “cada uno de nosotros es insustituible”.

Desde la Transición, no se había escuchado a ningún político español hablar con tal profundidad y con tamaño coraje frente al opresivo ambiente políticamente correcto: “Por el nacimiento de Cristo medimos los siglos”, soltó la perseguida y denostada Ayuso… y se quedó tan fresca.

La presidenta madrileña no se detuvo ahí: “Dios se hizo hombre”… por lo que el hombre celebra la grandeza de su linaje. Es más, identificó a Occidente con “la Cristiandad”, cuyo credo político es ese: cada persona es sagrada, cada hombre vale más que toda la humanidad, porque fue rescatado en la cruz, justo en la historia que comenzara en Belén, hace 2020 años: “La Navidad celebra el nacimiento de Cristo… algo que, al parecer, se nos había olvidado y con ello “por la Navidad “medimos los siglos”. Como diría Sánchez, aunque no lo dirá, eso es una “evidencia científica”.

Ayuso no se olvidó de los Reyes Magos: “la Epifanía es la manifestación de Dios a todas las razas”. Ergo, un cristiano es “universal” y lo más opuesto al “racismo”.

Insisto: si me pinchan no sangro. Una política española, además del PP, capaz de hablar de Cristo con la naturalidad que otorga la verdad. Es más, hace 30 años este discurso habría parecido normal y habitual, hoy representa un descubrimiento brillante, capaz de despertar de su aborregado letargo a muchos católicos y que demuestra que el actual Occidente progresista se explica por aquello de que en él rigen “ideas cristianas que se han vuelto locas”.

Malos tiempos estos en los que la obviedad se convierte en descubrimiento: ¡Va por usted, señora Ayuso”.

Por cierto, buenísimo lo de RTVE. El canal 24 horas emitía en directo tan blasfemo discurso de inauguración del Belén de la Comunidad de Madrid y, ante las sacrílegas (el sacrilegio actual consiste en atreverse a hablar de Cristo en público) se vio obligado a cortar la cismática alocución de Díaz Ayuso.

En los sucesivos montajes en diferido, el Canal 24 horas se encargó de suprimir las alusiones a la Navidad para centrarse en su posterior discurso de los viernes, donde les dio un repaso a los independentistas catalanes y a los sanchistas rendidos a Iglesias y a Rufián. Naturalmente, RTVE enseguida buscó la réplica del republicano Gabriel, quien, naturalmente, le respondió de todo a Ayuso. De todo menos bonita. En eso sí que RTVE es muy pluralista: siempre concede cinco minutos a los judíos y cinco minutos a los nazis.

Pero el mensaje navideño de Ayuso, lo más profundo que he oído a un política durante los últimos lustros, un canto al Occidente, a la Cristiandad, hoy asediados desde dentro por fuera, con un líder político hablando de Cristo, eso fue suprimido de inmediato. Lógico, el espectador podría, por ejemplo, ponerse a pensar: ¡Qué horror!