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Consería familiar es un programa presentado por Carlos Matos, Doris Uvan, Adolfo Mazariegos y Estibaliz Andino.

Cada relación de pareja es un universo. Pero en todas, la constante es el cambio. Aunque cada una de ellas tiene su tempo y sus particularidades, todas pasan por diferentes etapas. Algunas son increíblemente buenas… y otras no lo son tanto.

Existen miles de factores que influyen en estas fluctuaciones. Pero hay pocas cosas que transformen una relación de pareja tanto como los hijos. Al principio, el ajuste puede resultar un reto. Un cambio de 360 grados en nuestra manera de gestionar nuestro día a día. Pero poco a poco, todo encuentra su lugar. Encontramos un nuevo equilibrio, que a menudo se ve sacudido cuando nuestros hijos llegan a la adolescencia.

Por lo general, durante esta etapa aumentan los conflictos, las borderías, las salidas de tono, las malas caras y la tensión en casa. E inevitablemente, todo esto afecta a nuestra relación de pareja. Incrementa el desgaste, multiplica el cansancio y minimiza la paciencia. Y eso suele provocar desagradables consecuencias.

Cuando las cosas se ponen feas, terminamos por utilizar a nuestra pareja como válvula de escape de nuestra propia frustración. Encontramos carencias y áreas de mejora, nos quejamos de lo que el otro no hace y de cómo se comporta.

Descubrimos nuevas facetas de la persona con la que hemos construido nuestra vida, y no todas nos gustan. La rutina y la inercia magnifican este proceso. Pero cuando la pareja se resiente, nuestro mundo emocional se tambalea. De ahí la importancia de aprender a recuperar ese necesario equilibrio. Para lograrlo, tenemos que dedicar tiempo a regresar a los básicos. Lo más esencial, la clave para mantener cualquier relación de pareja –y de paternidad compartida– es hacer equipo. Seguro que lo hemos oído antes. Pero ¿qué quiere decir?

Un equipo “comprende a cualquier grupo de dos personas o más con pensamientos diferentes que interactúan, discuten y piensan de forma coordinada y cooperativa, unidas por un objetivo común”; según dicta la RAE. Lo cierto es que formar parte de un equipo cuenta con numerosos beneficios. Nos permite compartir la responsabilidad de cualquier situación, y nos ayuda a resolver los obstáculos con más confianza y seguridad. Nos hace sentirnos apoyados y ser más precavidos, pues formamos parte de algo que va más allá de nosotros mismos. También facilita la toma de decisiones, pues nos invita a incorporar diferentes puntos de vista que nos ofrecen una perspectiva más amplia.