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Consería familiar es un programa presentado por Carlos Matos, Doris Uvan, Adolfo Mazariegos y Estibaliz Andino.

Impulsar la igualdad no es pretender demostrar que hombres y mujeres son iguales, porque no lo son. Luchar contra la desigualdad es garantizar la igualdad de oportunidades independientemente del sexo, y ya puestos, independientemente de todo, quiero decir: que ni sexo, ni raza, ni religión, ni diversidad alguna sea motivo de discriminación. Eso es Responsabilidad Social Corporativa (RSC) genuina, y a nivel organizacional hay cada vez más instrumentos y leyes que la favorecen.

Pero, ¿y a pie de calle? Es necesario mucho más compromiso personal de todos y cada uno de nosotros para romper creencias y así reducir el lenguaje y las conductas que ralentizan la verdadera y necesaria transformación social.

Hombres y mujeres no somos iguales por la más sencilla de las razones: cada persona es diferente de las demás. Existen generalidades que sí nos diferencian, por supuesto. Algunas pocas son biológicas, pero muchísimas más son culturales, una cuestión de educación y creencias colectivas que se mantienen en el tiempo porque las mantenemos las personas con nuestras conductas, nuestro lenguaje o nuestros pensamientos. Y lo peor es que en la mayoría de las ocasiones nos salen de forma automática o inconsciente.

Las empresas e instituciones lo tienen más claro, que no más fácil. Para empezar, las organizaciones son como son las personas que las integran, y ahí, en su cultura corporativa y en la sensibilización de sus trabajadores, es donde tienen su primer reto con respecto a la igualdad real. Pero todo el desarrollo legislativo que se está produciendo a nivel internacional y el impulso de la Responsabilidad Social Corporativa les ayuda a saber cómo avanzar.

El gran reto de las organizaciones está entonces en ser capaces de mirar las nuevas obligaciones legales sobre igualdad de oportunidades como frenos e inconvenientes que vienen a molestar, o como oportunidades para aprender a valorar la diversidad y que se convierta en un motor del negocio.

Sea desde el lado de las personas o de las organizaciones, lo que no tiene sentido es no buscar la eficiencia del equilibrio y la riqueza de la diferencia, de género o de lo que sea. Todos ganamos.

Por eso, ante la desigualdad por razón de género, tenemos dos frentes activos: el de las personas y el de las organizaciones. Y no van al mismo ritmo.